1 de marzo de 2024

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Sitges 2012: crónica del viernes 12

Seven Psychopats, cautivadora y salvaje
Seven Psychopats
Seven Psychopats

Los primeros minutos de Ahí al el Diablo son «más calientes del que el asfalto de Georgia», que diría Barry Gifford, e irremediablemente atrapan al espectador, que permanece enganchado a esta historia de dos niños los cuales tras perderse y pasar la noche en una zona montañosa que se la cree maligna (una especie de Hanging Rock satánico) vuelven misteriosamente apáticos y cambiados. Sus padres comenzarán a descender al infierno cuando busquen una explicación a lo que les ocurre. Posee un tosquísimo encanto (hablamos de zooms constantes, una grabación rodando la guerrilla, incluso de un micrófono visible en medio de una conversación), pero gana la guerra debido a su garra (léanla de nuevo, por favor, es la mejor frase que jamás he escrito).

Cautiva al público desde el minuto uno la enloquecida comedia negra Seven Psychopats, de Martin McDonagh, en la cual un escritor alcoholizado y pacifista encarnado por Colin Farrell se ve envuelto en una trifulca con un gangster (Woody Harrelson) a causa del negocio de su mejor amigo (Sam Rockwell, la estrella de la función), la cual es robar perros para luego ganar la recompensa su devolución. Parodia elementos de la novela negra que provocarían carcajadas en el mismísimo Jim Thompson, pero no por ello deja de resultar bastante salvaje por momentos. Está llena de bienvenidos cameos (Tom Waits, Harry Dean Stanton) y posee una de las mejores interpretaciones de los últimos tiempos de Christopher Walken, el cual, conservando sus mismos tics de siempre, construye a un entrañable e inolvidable personaje. Todavía no he hablado con ningún parroquiano del Festival que le desagradara, y créanme, hablo con muchos.

Podría llamarse The ABC’s of Sitges, debido a que su ingente cantidad de directores son todos y cada uno de ellos viejos conocidos del Festival, pero su nombre es The ABC’S of Death, obra que recoge hasta 26 cortos de diferentes directores, los cuales tienen que construir una pequeña historia en torno a una letra del abecedario que incluya muerte como resultado indispensable. El resultado es todo lo desigual que pueda ser una antología semejante, pero como dijo Nacho Vigalondo en la presentación de la misma, lo bueno es que te quedas con la que te gusta y la que no te la pasas volando. Brillan por si mismo los de Xavier Gens, Ben Weathley (en estado de gracia, parece), Adam Wingard, Lee Hardcastle, Hélene Cattet, Yudai Yamaguchi o Marcial Sarmiento, decepcionan Simon Rumley (inesperadamente), Ti West (esperadamente), Angela Bettis o Adrián García Bogliano. Mención especial al reencuentro con Anders Morghentaler, director de la muy estimable Princess, que dispone de un muy interesante segmento animado.

La maratón de Mondo Macabro incluyó homenajes a la Nikkatsu, con la proyección de un par de Pinks, de los cuales disfruté de Assault! Jack the Ripper (1976), de Yasuharu Hasebe, explotadora muestra del cine de asesinatos y sexo que estaba en boga en el Japón de los 70 y que envejece de aquella manera. Es una muy interesante muestra de exotismo gracias a su perfecta duración de 75 minutos (Star of David, la cual proyectaban justo después, casi alcanzaba las dos horas, demasiado para este tipo de cine, una especie de destape a lo sádico oriental) pero en la cual tampoco había muchos que rascar y tenía los peores defectos de la época -incluyendo una inaguantable banda sonora-. Sin embargo, me pegué el gustazo de descubrir en pantalla grande un clasicazo de las artes marciales y una casi legendaria muestra de psicotronía cinematográfica, y valió absolutamente la pena: Master of the Flying Guillotine (1976), de Jimmy Wang Yu. Loca y estupenda.

ESPECIAL FESTIVAL DE SITGES 2012