26 de febrero de 2024

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Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

Sitges 2012: crónica del lunes 8

Safety Not Guaranteed, una de las joyas de este año
Safety not Guaranteed
Safety not Guaranteed

Intensa quinta jornada del Festival, enormemente satisfactoria y que subraya el gran nivel de la programación de este año. Empezando con Ben Whitley -del cual el año pasado pudo verse Kill List, la cual no me cautivó pero sí tenía bastantes puntos de interés- y su Sightseers, desde ya, una de las mejores películas del año. Una mujer maniática y dominada por su madre entabla una relación con un aparentemente amable hombre con el que inicia un viaje en caravana. Pronto el caballero en cuestión comenzará a mostrar ciertas tendencias un tanto preocupantes, provocando que la relación alcance un nivel totalmente diferente al esperado. Divertidísima, repleta de un humor negro como el carbón -se deja intuir el paso de Edgar Wright por el lugar del crimen, el padrino del proyecto- y con una interpretación magistral de su pareja protagonista, Alice Lowe y Steve Oram.

The Lords of Salem de Rob Zombie, era una de las películas más esperadas del Festival y si bien no se puede hablar de decepción, es innegable que provoca muchísimo estupor. En esta historia de una disc jockey (Sheri Moon Zombie) que tras escuchar un vinilo de un misterioso grupo llamado The Lords empieza a entrar en un perpetuo estado de ensoñación, manejado por adoradoras de Satán que desean usarla a su antojo y que parecen provenir del pasado más oscuro de Salem. El ritmo es lento y extraño, aliñado con algunos momentos lisérgicos que Zombie sabe dirigir como nadie y que brillan con soltura, con fragmentos dignos de la peor serie C, como toda la trama que envuelve a Bruce Davison. Interesante, a ratos satisfactoria, a ratos tediosa. Se agradece su aire a años setenta.

Robo-G de Shinobu Yaguchi, es una divertida pero intrascendente y un pelín larga comedia sobre un anciano que debe introducirse dentro de una carcasa de robot para ayudar a tres nerds y evitar que sean despedidos tras haber destruido por accidente al verdadero artefacto. Lo que ocurre es que la interpretación el buen hombre empieza a cautivar a todo el mundo y la mentira se va haciendo cada vez mayor, y salir de ella más complicado. Es bastante inocentona y de aire marcadamente juvenil, aunque en medio del meollo del Festival ayuda a desengrasar tanta bruja, psicópata y hachazo en la cabeza.

La conexión Sundance-Sitges vuelve a dar sus beneficios con la estupenda Safety Not Guaranteed, de Colin Trevorrow. Un equipo de periodistas viaja hasta un pueblo de Seattle para descubrir quién anda detrás de la publicación de un anuncio de periódico donde se ofrece la posibilidad de viajar por el tiempo, «trayendo tus propias armas y sin garantías de seguridad». La bella becaria Darius (adorable Aubrey Plaza) contacta con el hombre tras el mensaje, Kenneth (excelente Mark Duplass), aparentemente un friki al que le falta un tornillo pero con mucho más en su interior de lo que parece a simple vista. En esta encantadora comedia (¿de ciencia ficción?) funcionan estupendamente las tramas secundarias, todas ellas girando en torno de moverse a través del tiempo para encontrar la felicidad, ya sea al pasado (además de los dos protagonistas, el personaje de Jake Johnson, intentando recrear una relación de su adolescencia con una ex-novia, ahora entrado en la treintena) o el futuro (el tercer miembro del equipo, Arnau, intentando dejar atrás sus complejos para disfrutar de sus años de juventud). Si el año pasado el mundillo «indie» nos regaló una joya como Another Earth, este año nos ha dejado otra, igual de brillante.

Headshot, de Pen-Ek Ratanaruang, es un thriller franco-tailandés sobre un policía que tras caer en una trampa y ser encarcelado por no dejarse corromper, actúa después como asesino a cargo de una organización liderada por DEMON, un hombre que considera que la humanidad tiene predisposición genética hacia el mal y el bien es una imposición cultural y social. A pesar de ciertos detalles de interés, el ritmo lento que según me cuentan es lo habitual en el cine de Ratanaruang y la absoluta falta de interés que domina al metraje durante ciertos fragmentos (que se hacen más largos que un día sin pan) terminaron por hacer la experiencia bastante farragosa.

Citadel, de Ciaran Foy, es una muy interesante muestra de terror «urbano» situado en las barriadas más dejadas de Irlanda. Un joven muchacho ve como su esposa es agredida sin poder hacer nada para ayudarla, lo que le provocará que desarrolle agorafóbia -lo cual dificulta enormemente el cuidado de su hija recién nacida- y empezará a sospechar que los agresores no son del todo humanos y tienen relación con la desaparición de varios infantes por la zona. Tiene un buen ritmo, una simbología muy sencillita (parida a raíz de una desagradable experiencia vivida por el propio Foy), una estética que resulta muy atractiva (y cercana, si se ha criado usted en L’Hospitalet, como un servidor, u otras ciudades dormitorio del estilo) que la relaciona con otros pequeños clásicos del «terror semi-social» británico como Urban Ghost Story, y está bien interpretada.

Después del batacazo artístico que significó The Midnight Meat Train, el interés por la nueva propuesta de Ryuhei Kitamura dentro del mercado norteamericano se esperaba con cierto escepticismo. Pues ha debido aprender de errores del pasado por que en No One Lives se desenvuelve con una gracia y soltura que algunos que le daban por perdida y construye con una eficacia aparentemente fácil un título gore tremendamente divertido. Los papeles se invierten rápido en esta historia en la cual una banda de criminales pasan de cazadores a víctimas cuando se cruzan en el camino -y osan molestar- a un hombre que conduce con la que es -aparentemente- su novia pero esconde un terrible secreto. La ralea moral de los sujetos que caen bajo las garras del nuevo villano icónico del gore -sin nombre, solo «Driver» en los créditos, interpretado por Luke Evans) es tan lamentable que uno podrá aplaudir con desparpajo sus desmembramientos. Muy divertida.

Lovely Molly es una muy intensa muestra de horror dirigida por Eduardo Sánchez (el 50% de El proyecto de la bruja de Blair) en la cual una joven pareja, tras ir a vivir a la casa donde ella se crió, empezará a notar el asedio de una fuerza espectral proveniente del pasado. La sensación de agobio irá in crescendo hasta culminar con un horror, no por esperado a través de las pistas del filme, menos impactante y oscuro. Es una de esas películas que uno puede disfrutar dándole la vuelta, resultando una película de terror paranormal sobrecogedora, pero una de terror psicológico mucho más terrible y desagradable. ¿Hablamos de fantasmas como criaturas, o como traumas que flotan, etéreos, en espacios cerrados con su propia sinergia?

ESPECIAL FESTIVAL DE SITGES 2012