26 de febrero de 2024

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Sitges 2012: crónica del jueves 11

Sentimentalismo licántropo con Wolf Children
Wolf Children
Wolf Children

A estas alturas, tampoco vamos a decir que Sinister, de Scott Derrickson, es decepcionante, por que uno ya sabe exactamente que tipo de producción se va a encontrar cuando entra en la sala. Comienza con un teaser espectacular (a través de una grabación en super 8 una familia muere ahorcada en un árbol) y durante sus primeros compases uno llega a ilusionarse creyendo que el enfoque de la historia va a ser adulto. Un escritor interpretado por Ethan Hawke de libros sobre crímenes reales entra a vivir en un nuevo hogar junto a su mujer y sus hijos y descubre en el altillo un proyector y varias cintas donde se contemplan varios crímenes cometidos de manera muy diversas sobre familias, a medida que avanza en su investigación el elemento sobrenatural irá tomando más y más forma. Por desgracia pasada su muy atractiva introducción la película parece querer recordar que su target es un público más bien adolescente y comienzan a ocurrir los efectos facilones, subidas de volumen y demás topicazos. Una pena, daba para más.

Mi experiencia previa con el cine de Mamoru Hosoda fue con Summer Wars, que a nivel personal no me convenció, y tuve ciertas dudas sobre si acudir o no al pase de Wolf Children, su nueva producción. Me alegro de haberlo hecho, al tratarse de una cinta extraordinaria, preciosista, sensible sin caer en el sentimentalismo y visual y musicalmente magnífica. Narra la dura educación que tienen dos hermanos con la particularidad de ser hijos de un hombre lobo y una mujer normal, al fallecer el primero, y el proceso de descubrimiento de su verdadera identidad. Así, la hermana mayor (narradora de la función) comenzará disfrutando más de su estado animal, mientras que el hermano pequeño preferirá su humanidad, pero a lo largo de la historia sus roles no permanecerán estáticos. El desarrollo y la evolución de los personajes es ejemplar, y el metraje fluye como agua de mayo.

La jornada terminó con A Fantastic Fear of Everything, de Crispian Mills y Chris Hopewell, artilugio al servicio de mayor gloria de Simon Pegg y que funcionará en mayor o menor medida de la simpatía que les despierte dicho intérprete. En mi caso, me confieso seguidor suyo y sin ser una comedia redonda ni mucho menos se me hizo bastante accesible. Un escritor está obsesionado con que va a ser víctima de un crimen tras haber estado trabajando en un libro sobre asesinos en serie y ha adquirido pánico a salir de su casa, pero deberá enfrentarse a su recién nacida agorofóbia y enfrentarse al exterior. Es errática y se divide en tres actos diferenciados, destacando el primero y el tercero (el cual incluye un divertido segmento en stop motion). Un pasatiempos decente.

ESPECIAL FESTIVAL DE SITGES 2012