
Los hermanos catalanes Álex y David Pastor han rodado en los Estados Unidos su ópera prima, Infectados (Carriers). En un futuro muy cercano (podría ser mañana mismo), un virus está arrasando con la humanidad. Cuatro personajes (dos hermanos y sus respectivas parejas) viajan por el país buscando un lugar donde establecerse alejados de un mundo que se está yendo al cuerno, por el camino, obviamente, se encontrarán con muchos conflictos, la mayoría de ellos más morales que terroríficos. No es una película de terror al uso (los días previos a su pase me harté de oír sobre ella que era una película de zombies, pero solo se hermana al género por el entorno apocalíptico, de devoradores de carne, nada), de hecho recuerda mucho más a la excelente El efecto dominó de David Koepp que a cualquiera de Romero, si no que la inquietud que provoca proviene de las decisiones que deben tomar los protagonistas que poco a poco van deshaciéndose de sus reglas éticas, primero, y de su humanidad, después, y ampliando sus propias reglas de supervivencia. No es redonda ni dejará huella en su género, pero es un muy interesante primer paso en la carrera de sus directores, muy prometedores.
La propuesta nacional de la jornada, Ingrid, causa un efecto insólito: a los diez minutos, tras los títulos de crédito, en los cuales se va viendo una visión documental de el mundo de la moda underground de Barcelona y la fauna que –presuntamente- la habita, uno ya le ha cogido una manía irremediable a la cosa. La historia trata sobre un hombre (Eduard Farelo) que tras ver como su pareja le abandona se muda a un edificio donde conocerá a Ingrid (Elena Serrano), una joven diseñadora que rompe corazones con extraordinaria facilidad. Poco a poco se irá sumergiendo en un mundo que intenta ir de oscuro y provocador, con bondage de postín y mucha música de grupos “del rollito” (Russian Red, Love of Lesbian). El misterio que envuelve a la protagonista es una tontería muy poco intrigante, la simbólica vida interior de Ingrid nos es mostrada de un modo bastante ridículo, y los diálogos le dan a la cosa un toque de pose constante que no tiene absolutamente nada que decir. Aun se salvan de la quema el dúo protagonista, Farelo en especial, que es capaz de leer con dignidad algunas frases de vergüenza ajena. Y nada más.
George Romero se lo guisa y se lo come él solito todo. Él creo al zombie moderno, él diseño el mundo en el que vivían y le dotó de una complejidad, en eterno paralelismo con nuestro mundo real, él diseñó las reglas, otros siguieron su camino, con mejores y peores resultados, pero él, de nuevo, fue más lejos y creó en La tierra de los muertos el momento cronológico más lejano que hemos visto de un mundo en tiempo real desde el primer bocado. Y cuando parecía que se formaba un todo coherente y que al final su concepto iba a cobrar un sentido que abarcara proporciones bíblicas (el proyecto Planet of the Dead, la cual debería haber sido el último paso lógico de todo su universo) se fue por la tangente y volvió a la primera noche de la invasión, pero actualizada a nuestros días, en la interesante pero fallida Diary of the Dead. Y digo que se lo guisa y se lo come todo, por que ahora, él mismo dirige los sub-productos derivados de su universo “recargado”. Con mucho pesar les anuncio que eso es lo que es Survival of the Dead, un spin-off del filme previo, concretamente sobre el grupo de mercenarios que asaltaban el autobús de los jóvenes protagonistas de aquella, y que en esta se verán envueltos en el conflicto que surge entre los habitantes de una isla entre los que quieren eliminar a los zombies y los que quieren reeducarlos, que además pertenecen a ancestrales clanes enfrentados desde hace siglos. ¿No muy sutil, verdad?. Además de su carga moralizante –parece un imitador de si mismo en este aspecto- terror no causa, acción no tiene mucha, no se pasa tensión, y termina aburriendo un poquito. Resulta un poco incómodo abandonar a alguien que nos ha provocado tanto placer en el pasado, pero aquel Romero, aquel del toque enfermizo, el que era capaz de emocionar con una historia de moteros de Camelot o de vampiros enfermizos, de saberle sacar un jugo que creímos infinito a su más enorme creación, cada vez es más evidente que se ha ido para siempre.
El planteamiento de Accident, producción de Milkyway (la productora de Johnnie To) dirigida por Pour-Soi Cheang, es de los mejores del año: Un grupo de asesinos profesionales preparan complejos accidentes para no ser nunca descubiertos, como si de complejas jugadas de ajedrez de trataran deben ser capaces de anticiparse a los pasos de su víctima. Pero en uno de sus golpes todo sale mal y el líder del grupo (Louis Koo, el inolvidable Jimmy Lee de Election) empieza a sospechar que les ha tendido una trampa. Y a partir de ese momento, por desgracia, la narración empieza a hacer aguas. Se convierte en el farragoso seguimiento que hace el personaje interpretado por Koo de aquellos a los que cree responsables de el “contra-accidente”, y aunque el giro final es adecuado, uno no deja de tener la sensación de que podríamos estar hablando de un peliculón y no de un aprobado justito que parece el episodio final de una serie de la que no conocemos nada más. Como el cine de Hong Kong no está tan acomplejado como el hollywoodiense y no se lamentan etiquetando como “crisis de ideas” a la hora de retomar su cine, yo abogo por que Milkyway vuelva a trabajar sobre este concepto mejorando la historia y los personajes. Por que eso fue lo que hicieron con Exiled (que provenía de The Misión, sin ser una secuela) y nos hizo feliz a todos.
Si los aficionados a las artes marciales empiezan a hablar dentro de poco de Iko Uwais con frecuencia, que no les cojan desprevenidos: el protagonista de Merantau promete, y mucho, dentro del género. La trama de la historia es bastante clásica dentro de su estilo, Yuda (Uwais) viaja desde su pequeño pueblecito hasta Yakarta para pasar un año practicando el “Merantau”, viaje que realizan los jóvenes practicantes de las artes marciales al alcanzar cierta edad y que debe significar el paso a su madurez. Por ayudar a una dama en apuros (una bailarina a la que quieren obligar a prostituirse los malos de la función) entrará en conflicto con una banda de gángster, y a partir de ahí… ya se pueden imaginar. Buenas coreografías, bastante “desnudas”, sin mucho apoyo del montaje. Parece que ha sido un boom en Indonesia, donde andaban algo parcos en cine de acción los últimos años desde los días donde Barry Prima arrasaba en taquilla.
Prometía ser la película más malsana del Festival y se quedó a medio gas. Hablamos de The Human Centipede (First Sequence), de Tom Six, en la cual un científico loco secuestra a sus víctimas con la intención de crear el ciempiés humano. ¿Y como hacerlo? Primero cortando lo necesario para que el sujeto camine siempre arrodillado. Después se le sitúa la cara del sujeto posterior entre las nalgas, adherido tras una práctica cirugía, para asegurar la alimentación de uno a otro. Después, detrás del segundo sujeto se coloca un tercero, y así… Pero no, no llegan a cien, son solo tres, dedica mucho tiempo del metraje hasta llegar al momento que se espera rellenando la cosa con fallidos intentos de huída de dos de las atribuladas protagonistas, y cuando por fin ya dedica su tiempo a la ”criatura” no se moja demasiado, resulta hasta suave y todo, en un título del que precisamente lo que no se puede tolerar es eso, su suavidad.

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