15 de abril de 2024

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La última casa a la izquierda: el remake

Así crearon la nueva versión del clásico
La última casa a la izquierda
La última casa a la izquierda

El rodaje del remake de La última casa a la izquierda no pudo realizarse en la misma localidad donde se rodó la primera (Westport, Connecticut) ya que las fechas de rodaje, en Febrero del 2008, coincidían con época de tradicional mal tiempo en el oriental estado. Así pues, el equipo de localizaciones comenzó a buscar el lugar idóneo. Probaron en California y el resto de la costa Oeste de Estados Unidos, luego en Rumanía, pero finalmente se decantaron por Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Allí encontraron todo lo que necesitaban: equipos técnicos con experiencia, incentivos fiscales para la producción, y por supuestos casas al borde de un lago y rodeadas de bosque.

Dennis Iliadis, el director de la cinta, ya conocía la zona: “Había rodado anuncios en Sudáfrica. Cuando es invierno en Europa, muchos equipos se trasladan allí a rodar. Los decorados naturales son asombrosos”.
Otro que ya conocía la zona era el diseñador de producción Johnny Breedt, que precisamente había rodado Aullidos (también con Wes Craven como productor) en Ciudad del Cabo hacía una década. “He trabajado en unas diez películas de terror y siempre me lo he pasado muy bien”, dice. “Es un género que permite hacer muchas cosas que nunca se harían en una película de época”.

Encontrado el lugar de rodaje, ahora había que encontrar la casa aislada en la que transcurre la mayor parte de la acción. “Fue el decorado más difícil de localizar”, explica Johnny Breedt. “Recorrimos casa tras casa y empecé a pensar que nos habíamos equivocado al querer rodar allí”.
La búsqueda duró semanas, hasta que el equipo encontró una reserva con bosques de pinos a 45 minutos de la capital sudafricana. Allí habría que construir la casa, la casita de invitados y un garaje. “Primero pensamos en rodar sólo los exteriores al lado del lago, y los interiores en un plató”, dice el coproductor Jonathan Craven. “Pero Dennis, el director de fotografía Sharone Meir y los productores llegaron a la conclusión de que era mejor tenerlo todo en el mismo lugar para poder rodar las escenas de forma continua. Es mucho más cómodo rodar en un plató de noche, pero no es tan auténtico. Nos convertimos en pájaros nocturnos durante tres semanas”.

La última casa a la izquierda
La última casa a la izquierda

De este modo, se fabricó la casa de los Collingwood como si fuese una vieja ganja de Massachussets. Johnny Breedt y su equipo se encargaron de envejecer todas las superficies, recorriendo todas las tiendas de segunda mano de Ciudad del Cabo para encontrar objetos y muebles con los que llenar la casa. Aun así, tuvieron que pedir bastantes elementos a Estados Unidos.

Con exteriores y casa listos, ahora había que reproducir el clima, ya que buena parte del film transcurre bajo la lluvia. Para ello se usaron unas grúas de 36 metros sobre las que se colocaban los aparatos de lluvia. El realizador Dennis Iliadis dice, riendo: “Los guionistas deberían tener en cuenta que reproducir la lluvia no es nada fácil. Ya que lo rodamos todo en decorados naturales, hubo que crear las tormentas. Entre otras dificultades, las mangueras se atascaban. Pero al final lo conseguimos y valió la pena. Aporta algo muy especial a la película”.

Para el maquillaje, Wes Craven quiso contar con el equipo de KNB EFX Group Inc., con los que trabajó para El retorno de los malditos, y que también se han encargado de títulos como La crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario. Greg Nicotero, de KNB, explica: “Empezamos a trabajar con Wes y Marianne hará unos doce años. Nuestra primera colaboración fue con El sótano del miedo, y hemos participado en todas sus películas desde entonces. Wes sabe lo que quiere. Le basta con ver los dibujos para decidir si le gusta o no”.

La última casa a la izquierda
La última casa a la izquierda

El sudafricano Clinton Smith, por su parte, era el encargado de las prótesis para los cortes o los orificios de bala. “Clinton está a la altura de los mejores artistas de maquillaje de Estados Unidos”, dice la productora Marianne Maddalena. “Trabajó sin descanso para conseguir los efectos más sangrientos y realistas imaginables”. La actriz Sara Paxton recuerda: “Estaba entusiasmada con la idea de que me maquillaran con sangre falsa, me ensuciaran. Me corto en la frente cuando tengo el accidente en el bosque. Pero al cabo de cinco días, ya no estaba tan entusiasmada. Iba muy sucia, parecía que me había pasado un camión por encima”.

En cuanto a los efectos visuales, se encargó de ellos que equipo de Jamison Goei (Crepúsculo, Reflejos). Ya fuesen balas en el lago, o cabezas dentro de un microondas, Jamison y Dennis tenían una visión común: evitar los insertos. “No soporto los insertos”, dice el realizador. “Quería que todo ocurriese delante de la cámara, que fuera parte de la acción. Es más complicado, pero el efecto es mayor. Es más orgánico y sorprendente que un inserto, por muy conseguido que esté”.

Para producir emociones en el espectador, el equipo sabía que la película debía tener mucha energía visual. Para ello, Dennis Iliadis quería realzar la tensión de las imágenes, por lo que quiso contar con Sharone Meir (Mean Creek, El guerrero pacífico). Dennis reconoce que ambos chocaron bastante durante el rodaje: «Bueno, los dos somos mediterráneos, parecemos un matrimonio extraño. Discutimos, tenemos conversaciones de lo más interesante, gritamos, pero nos queremos mucho”.
El resultado mereció la pena, según el propio Wes Craven: “Sharone Meir ha sabido capturar el espíritu de la primera película y las interpretaciones de los actores. Hay un momento que me parece realmente espléndido, cuando Mari va hacia el agua después de la escena de la violación. Es una toma muy humana, muy elegante, es asombrosa”.