26 de febrero de 2024

CineFantastico.com

Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

Festival de Sitges 2006: Buscando a David Lynch (I)

Nuestro enviado especial, Javier J. Valencia, nos analiza lo más destacado del festival

El problema más grande que se ha encontrado Sitges este año ha sido una ausencia, solo una, pero de esas que son capaces de mover a las masas y que lidera quizá el culto más grande del cine fantástico. No vino el señor David Lynch, y peor aun, no se proyectó Inland Empire, la película que todo el mundo quería ver y que a falta de un par de días para que finalizara el Festival algún pobre ingenuo todavía suplicaba por que fuera la película sorpresa.

El no llevar a Lynch, y la posible rabieta posterior llevó a que se cancelaran muchas de las actividades centradas en su obra. Al final, nada de retrospectivas de sus trabajos incluyendo sus series televisivas, ni sus pinturas, ni exposiciones… Demasiado vender humo trae consigo esas cosas y lo peor del caso es que considerando los numerosos invitados de calidad que han venido este año (Paul Verhoeven, Alejandro Jodorowski, Terry Gilliam, Neil LaBute, Joe Dante, Roland Joffé, Larry Cohen y un larguísimo etcétera), es que si no se hubiera fulminado tanto crédito antes de vender el Festival la cosa hubiera sido realmente de otro color. Al final, cuatro películas de Lynch y corriendo a otra cosa. Si se habrá aprendido la lección para años posteriores, solo el tiempo lo dirá.

Pero, las cosas como son, objetivamente hablando, el nivel de calidad de las películas de este año ha sido bastante bueno, mejor que el anterior, y uno ha tenido que hacer verdaderas virguerías para poder ver todo lo que quería. Tiene su atractivo esto del rompecabezas que uno se hace antes de empezar el Festival, pero que cuando salta una pieza, por una razón u otra, tiene que volver a reorganizar y trabajarse una verdadera lista con preferencias, digamos, jerárquicas. Y no se podría hablar en este sentido si no hubiera habido verdaderos atractivos esta edición, saltar del último-Verhoeven al último-Del Toro y de ahí al último-Gilliam. Sin contar que uno sabe de antemano que se va a encontrar verdaderas sorpresas en secciones como Noves Visions de directores que desconocía o poder darle una oportunidad a gente que consideraba interesante pero que por una razón u otra nunca se prestaba la situación para echar un vistazo a su obra (va por usted, señor Richard Stanley, desde esta última edición de Sitges tiene un nuevo admirador).

Réquiem
Réquiem

Sección Oficial: Triunfa el cine alemán.

Ganó Réquiem, de Hans Christian Schmid, el premio a la mejor película, y su protagonista Sandra Hüller se llevó el de mejor actriz (éste último, indiscutible). Algo de polémica ha generado su victoria debido a que precisamente la mayor virtud del filme es su descarnado realismo y la ausencia de cualquier elemento del género, pero desde otro punto de vista menos cerrado, no se puede negar que se trata de un buen filme, que es la otra cara de la moneda de El Exorcismo de Emily Rose. Si en aquella se utilizó también el caso real ocurrido en Alemania –aunque situándolo en EEUU- casi para justificar un exorcismo convirtiéndolo en un combate “Fuerzas del bien contra Fuerzas del mal” que parecía subvencionado por la Iglesia Católica, y que resultaba interesante excepto cuando se introducían demasiadas concesiones a un tipo de cine de terror-espectáculo, aquí, por el contrario, su busca un estilo minimalista que trate no emitir ningún juicio de valor, simplemente el proceso mental que va recorriendo la angustiada protagonista y como poco a poco se va a alejando del camino de la ciencia para acercarse al religioso, sospechosamente cercano al de la superstición, y que hace pasar un mal rato al espectador durante sus minutos finales cuando uno va cogiendo conciencia de que a la joven ningún alma va a tener el coraje de llevarla a un hospital psiquiátrico donde pueda recuperarse. Lo dicho, de fantástico tiene poco, pero si se quieren ganadoras de género, quizá se debería por empezar por escoger a un jurado especializado estrictamente en el tema, si no pasan estas cosas…

La otra gran vencedora fue Grimm Love, que se llevó los premios a mejor director (Martin Weisz), mejor actor (ex aequo a Thomas Krestchmann y Thomas Huber) y mejor fotografía (Jonathan Sela). De nuevo, otro acercamiento a un caso real, este mucho más reciente, sobre dos hombres que acordaron mediante Internet que uno de ellos se comería al otro, y que generó un pequeño revuelo al saberse que uno de los asistentes a su pase se desmayó durante el mismo, pero no hay que asustarse, fuentes cercanas al señor –tan cercanas como puedan ser lo que le ayudaron a salir del cine- me aseguraron que no tuvo nada que ver con lo visto en la película. No es para tanto… en ningún sentido.

Será que este año estaría necesitado de echar unas risas, pero quizá con las dos películas que más disfruté de la sección oficial fueron sendas comedias: Fido, de Andrew Currie, con Carrie Ann Moss y Dylan Baker, nos presenta un futuro donde las invasiones de zombies han sido controladas mediante un collar –todo esto contado en un prólogo, a modo de proyección documental, realmente excelente- que les han convertido en una suerte de esclavos-encargados-del-hogar de las familias del mañana. Un niño bastante marginado entablará amistad con su “zombie-familiar” que por supuesto revolucionará el estilo de vida del vecindario, dando de sí un estilo de humor muy ingenioso, con un cierto toque Simpsons, y algo de gore. No pareció levantar mucho revuelo, aunque sea una variante de la comedia zombie tan válida como lo fue Shaun of the Dead – o Zombie’s Party, si es que alguien la ha llamado por ese nombre alguna vez en su vida-.

Fido
Fido

Con más entusiasmo fue recibida La Science des Reves, película de Michel Gondry, de nuevo haciendo un repaso antológico a las relaciones humanas, especialmente las de amor, con su particular imaginario visual, desbordado con fortuna en esta ocasión, usando con verdadero arte el elemento onírico –el personaje principal padece una enfermedad que le lleva en ocasiones a no distinguir el mundo real del de los sueños- . Se llevó el Premio Especial del Público, con lo cual puede dar una idea de la buena repercusión que tuvo, aunque no alcance los logros de Olvídate de mí (sí, también es un título horrible y pensado con a materia gris que uno debe tener en los pies, pero no nos engañemos, éste lo usamos casi todos, que el otro es muy largo y da pereza).

El cine de género nacional parece estar atravesando un buen momento, y si Filmax continúa por su parte lanzando proyectos tan directos como Los Abandonados a la vez que de modo independiente Elio Quiroga resurge para mostrarnos La Hora Fría, cabrá felicitarse. La primera, el esperado film de Nacho Cerdá, es un verdadero puñetazo en la cara, un ejercicio de terror del cual sale bien parado, bien alto rozando el notable. Su esfuerzo en mantener una intensidad que perdure casi todo el film termina jugando en su contra: el espectador ya ha levantado suficientes barreras pasada la primera media hora de metraje, y por desgracia el guión (nada menos que de Cerdá, Richard Stanley y Karim Hussain) tampoco es nada del otro jueves, aunque tenga su gracia ver llevado el mito del doppelganger al terror puro, sin juegos metafísicos, como suele ser habitual.

La película de Quiroga, por su parte, es de aquellas que si fuera americana, estaría protagonizada por los Rutger Hauer o Lance Henriksen de turno y sería pasto de las cajas “dos por tres euros”. Pero resultaría simpática. Y aquí, que andamos más necesitados de este tipo de producciones, resulta más que simpática. Aprovechando un limitadísimo presupuesto, Quiroga vence donde falla la de Cerdà y al revés, es en los momentos donde la técnica y el talento visual deberían hacer vibrar al espectador donde claudica. Por el contrario, la historia –un reducido grupo de personajes encerrados en un sótano, incapaces de salir al exterior por la existencia de un virus que ha aniquilado a la humanidad, convirtiéndolos en una especie de zombies- funciona perfectamente, con toda su humildad, por meter un elemento tan nuestro y que seguramente no estaría en esa imaginada versión con Hauer o Henriksen: el sexo. La lujuria parece ser el desencadenante de todas las desgracias que irán ocurriendo a lo largo del film, de un modo bastante sutil, y solo el protagonista, un inocente crío, estará libre de culpa (amén de ser el personaje más inteligente de los que habita en el lugar, aunque dadas las circunstancias en las que conviven, resulta hasta normal).

La hora fría
La hora fría

Exiled, de Johnnie To, secuela/remake de The Mission (exhibida el año anterior durante la retrospectiva dedicada al director), hizo las delicias de los aficionados a los tiroteos imposibles y la camaradería entre asesinos, tan habituales en las producciones orientales donde no dan para balas. Se aleja de su precedente al saltarse el realismo que impregnaba aquella, pero como show de acción es bastante mejor, aunque uno echa de menos las relaciones que se establecían entre los diferentes guardaespaldas en la anterior. La escena final, por cierto, para quitarse el sombrero. La dañan (y en esto si que es idéntica a su antecesora) los “tiempos muertos”, demasiados, que paralizan el desarrollo de la historia.

Cosa que no ocurre en Election 2, el otro nuevo film de To que se pudo ver en la sección Orient Express, y que esta si es secuela directa de la ganadora el año pasado a la mejor dirección. Aquí de nuevo se aleja un poco del estilo, ya no solo realista, si no casi documental, que tenía la primera entrega, un verdadero manual de funcionamiento de las Triadas de Hong Kong, pero viéndola, casi se vislumbra que aquella no funcionaría sin esta… decía en mi crónica del año pasado que la violencia estaba contenida en el primer Election, no así aquí, al salirle al ahora más irascible, pero menos espabilado y demasiado preocupado por problemas familiares Jefe Lok un rival a su altura, Johnnie, aparentemente más un hombre de negocios que un gángster, y que no tiene ningún interés en presentarse a la “elección”… pero que problemas con la ley le obligarán a hacerlo. Y cuando el personaje se deja llevar por el río de sangre, demostrará ser más cruel y violento que el actual líder. ¿Nunca han visto a un gangster convertido en comida para perros?

Otro título oriental que fue del gusto de casi todo el mundo fue The Host, que ganó el premio –muy merecido- Orient Express, Divertidísima mezcla entre monster-movie, tragicomedia familiar y crítica social, Bong Jon-Hoo vuelve a dar en el clavo, mostrando algo totalmente diferente pero igualmente excelente que Memories of Murder. Por su parte, Time, de Kim Ki-Duk, no terminó de convencer del todo a sus –cada vez más- incondicionales, pero no resultó ser ni mucho menos una película carente de interés. Una mujer algo histérica y obsesionada con la posibilidad de que su novio la abandone decide hacerse una operación para cambiar su rostro y así ver si es capaz de conquistarle de nuevo. Aunque sea una idea muy interesante, los giros argumentales y sobre todo un final que no está a la altura de el planteamiento –y que se hace tan largo como el implante de una endodoncia- la desmerecen un poco.

The Host
The Host

La húngara Taxidermia, de Gyorgy Palfi, fue un caso curioso. Extravagante como ella sola, relata tres historias diferentes con miembros de única familia pero de generaciones diferentes: Un soldado con desequilibrios mentales obsesionado con el sexo, un “comedor” de elite (es decir, un señor que participa en campeonatos en los que gana quién sea capaz de ingerir más comida en menos tiempo, “deporte” que en el film nos es presentado a modo de unas Olimpiadas), y el hijo del segundo y nieto del tercero, un taxidermista con problemas para relacionarse con la gente y que se encuentra dominado por la (intensísima) figura de su antecesor. Salió todo el mundo del cine muy contento e incluso circulaban por ahí las voces de “ya tenemos ganadora”. Pero pasadas unas horas, su impacto de desvanece debido sobre todo a su vacuidad, y no deja de ser un mero plato para degustadores de rarezas con escenas escabrosas.

Flojito, flojito, es el remake de Sisters de Douglas Buck. Coger un guión de los de Brian De Palma-primera época, y darle una corrección formal a la cosa no tiene mucho sentido, puesto que los delirios más alucinados de su autor solo funcionan bajo su particular visión de entender el cine, y si vas a recrear una película que pertenece a un universo muy concreto, más vale que a) tengas una manera de llevarlo a cabo que por lo menos visualmente sea rompedora y que sin variar la original tenga su propia personalidad, o b) tengas los suficientes elementos para trasladar cronológicamente la historia a nuestros días con el interés suficientes. No tiene ninguna de las dos cosas, y resulta fácilmente prescindible.

No se puede decir lo mismo que el film danés de animación Princess, de Anders Morgenthaler. Narra la historia de la obsesiva venganza de el hermano de una actriz pornográfica fallecida contra la industria que la llevó a su auto-destrucción, y debe hacerse cargo de Mina, la hija de ésta. Es en el personaje de la niña donde los traumas afloran provocando verdadera incomodidad en el espectador, no tanto en la violencia del film, que la tiene, y bastante. Se la podrá acusar de tener un cierto punto moralista, no obstante, es bastante recomendable. Por cierto, error de cajón de los programadores del Festival: Meter el cortometraje Araki antes del film, prototipo de lo que va a ser el largometraje y que en doce minutos te desvela todas las tramas del largo, que se pasó justo después.

Ils
Ils

Ils, de David Moreau y Xavier Palaud, es el nuevo film de terror francés que busca seguir los senderos de la exitosa Alta Tensión. Si ya aquella, particularmente, aún siendo correctísima, me parece uno de los casos de inflamación de virtudes más notable que he venido viendo últimamente, esta aun se encuentra un escalón por debajo, no por ello siendo carente de interés, puesto que durante veinte minutos –los que suceden en el interior de la casa donde la pareja de protagonistas son asediados por unos amenazantes desconocidos, de los cuales de entrada no sabemos quienes son, ni cuantos- realmente logra apretar el estómago del espectador, para luego desinflarse un poco. No cae en los defectos de los habituales correcalles gracias a su realización tipo documental, que mantiene vivo el interés, aunque termina por hacerse un poco pesadita.

Algún premio debió llevarse la muy interesante Right at your Door, de Chris Gorak, uno de los títulos que mejor han sabido captar la paranoia post 11-S que se vive en los Estados Unidos que yo haya visto hasta la fecha. Con un inicio realmente impactante –explota una bomba en el centro de Los Angeles y la ceniza resultante es portadora de un virus-, narrará la historia de un pobre tipo –interpretado sin mucha fuerza por Rory Cochrane, lástima-, primero, por encontrar a su esposa –Mary McCormack, que le devora prácticamente en todos los planos-, y cuando vea que el caos en las calles y le informen que no puede salir de su casa debido al riesgo de contagio, deberá aislarse en el interior de la misma… justo cuando su mujer reaparece, debiendo aprender a convivir con la persona que ama separados por una pared y sabiendo que el riesgo de la muerte de ella es inminente, incapaz de hacer nada. Tiene bajones durante la mitad del metraje, pero su impactante final es de quitarse el sombrero.

Sin embargo, la co-producción catalana-americana The Ungodly, no terminó de convencer a casi nadie. Con una historia que remite casi inmediatamente a Ocurrió cerca de su casa, intenta mezclar el estilo del falso realismo (seguimiento de un asesino) con el thriller, resultando bastante caótica. Poca cosa, la verdad.

Falsos superhéroes, Duelistas enamorados… vacas mutantes. 

Atractivo es siempre dejarse caer por las secciones paralelas del Festival, a todo riesgo y sin seguro. De nuevo, la misma apuesta de cada año: A cuesta de encontrar títulos que realmente encandilen, uno asume que por el trayecto deberá pagarlo sufriendo otras tantas migrañas…

Tideland
Tideland

Dentro de la sección Europa Imaginaria se proyectó la esperada Tideland, de Terry Gilliam. Suele ocurrir que los proyectos más personales de directores de personalidad muy marcada no terminan de encajar con el gran público… y eso es precisamente lo que le pasa a este Tideland, que allá por donde va es recogida con tibias acogidas y que parece que -por desgracia, aunque el film no me haya gustado en exceso si creo que merece una oportunidad- se va a convertir en otro Twin Peaks o Naked Lunch. No puedo negar que me pareció muy original, y que el reparto está de lo más adecuado -en especial la cría protagonista-, pero pasados cuarenta minutos el tedio se apoderó de mi… ¿De que sirve que el mundo interior de la niña sea tan extravagante si luego el mundo real donde se desenvuelve es igual de estrambótico?. Tiene cosas muy interesantes, pero parece más bien una asociación de ideas hilvanadas que una película con una finalidad concreta… no me gustó, pero lo dicho, creo que se le debe estrenarse, y ser vista.

No termina de funcionar del todo La Caja Kovak, de Daniel Monzón, a pesar de tener un guión bien estructurado, tipo intriga best-seller (sin ánimo peyorativo). Hay cierta falta de garra a lo largo del film. Timothy Hutton (que está bastante soso y no ayuda mucho) interpreta a un escritor de novelas de ciencia ficción que descubre que un diseño ficticio que el inventó para uno de sus libros se ha convertido real… y que alguien lo está utilizando para inducir al suicido en contra de su voluntad contra persona concretas. Digna, pero mejorable.

Por su parte, la Sección Oficial Meliès también incluyo la divertida Isolation, de Billy O’Brien, que provocó el entusiasmo de los seguidores del terror ochenteno. Y es comprensible: En la campiña irlandesa han estado experimentando con vacas… de una de ellas saldrá una criatura tipo langosta que se dedicará a ir devorando todo a su paso. Pequeña pero muy amena, sabe reírse de sí misma (que sutilmente tonto es el protagonista, interpretado por John Lynch, que ideas de bombero que tiene, y que bien metido está el detalle que al principio parece casi dramático pero que tiene su lógica de que se jefe no le pague el dinero que le debe…) y es el tipo de película modesta que siempre pasa bien.

Isolation
Isolation

No se puede decir lo mismo que la muy pagada de si misma Renaissence, de Christian Volckman, un film noir retrofuturista realizado (dicen) con las últimas tecnologías para la animación. Estéticamente es muy bonito, sí, pero la historia suena a refrito de muchas cosas, y salvo momentos puntuales, como algunas escenas de acción muy bien paridas, da muy poco de sí.

Tampoco es que hiciera saltar a la gente de sus asientos Minotaur, de Jonathan English, co-producción europea de fantasía con un tufillo a Grandes Relatos TV cuyo máximo interés radica en el cambio de tercio que se aprecia en su parte final, cuando la cosa se convierte en un “monstruo-busca-cazar-chica-en-subterráneo”.

La Sección Noves Visions dio de sí tres joyitas. Una, la ganadora del premio, Edmond, dirigida por Stuart Gordon basándose en un antiguo guión de David Mamet y protagonizada por el siempre estupendo William H. Macy, narra el descenso a los infiernos de un hombre hastiado de su vida que abandona a su esposa y su trabajo y se introduce en el sub-mundo de Nueva York, en busca de sexo fácil, convirtiéndose primero en víctima, luego en verdugo, de los elementos que por allí pululan. A pesar de que su modelo de crítica social suena como muy pasado, las buenas actuaciones y el buen hacer de Gordon permiten que brille con soltura.

Special
Special

Si hubiera un premio a la mejor interpretación dentro de esta Sección, este tendría que ser sin duda para Michael Rapaport (¿Nadie se ha fijado nunca que sería un excelente Roscharch para una posible versión cinematográfica de Watchmen?) por su papel en Special, de Hal Haberman y Jeremy Passmore, que provocó una de las reacciones más entusiastas por parte del público –esperemos que sirva para que llegue a España, aunque sea en DVD-. Les es un hombre común aficionado a los cómics que tras someterse a un ensayo clínico empezará a tomar unas pastillas que, según cree él, le otorgan super-poderes… pero que no es así. Es en la división de los dos puntos de vista –el real y el suyo- donde la película triunfa absolutamente conquistando al público con su irresistible humor. Después, pasado el show, comienza el drama, la parte triste del relato… y es que cualquier freakie puede sentirse identificado con el protagonista, que a pesar de su locura tiene en su interior un deseo enorme para hacerse notar –aunque le falte el talento suficiente- y un deseo de lograr que el mundo sea un poco mejor gigantesco. Termina siendo un poco amarga, lo que demuestra que los directores y escritores del libreto lo diseñaron bien para saber llevar al espectador a su terreno.

(Sigue leyendo la segunda parte de la crónica)