27 de julio de 2026

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Óskar Santos: «Me siento más espectador que director de cine»

El thriller El mal ajeno es su primer largometraje
Óskar Santos
Óskar Santos

Con el cortometraje El Soñador, el bilbaíno Óskar Santos consiguió diversos premiso internacionales, en festivales como el de Nueva York o Sitges. Ahora, bajo la protección de Alejandro Amenábar, debuta en el largometraje con el thriller El Mal Ajeno.

Pregunta: Sobre el papel, Diego y Eduardo Noriega no parecen tener mucho en común. ¿En qué momento comprendiste que debía ser él?
Óskar: Teníamos muchas dudas en cuanto al personaje protagonista. Buscaba a alguien de 40 a 45 años, que tuviera cierta galantería. Daniel ya había pensado en Belén mientras escribía el guión, Fernando coincidió con él y además propuso a Eduardo para Diego. Yo no lo vi. Y Eduardo tampoco lo vio. Entonces estaba seis o siete años por debajo de la edad del personaje y con un aspecto físico muy juvenil. Dudábamos de que tuviera el poso para hacer real ese personaje de cuarenta y pico, alguien con recorrido en la vida. Decidimos hacer una prueba de maquillaje, buscamos un look que se integrase para evitar que el espectador estuviese siempre viendo a Eduardo Noriega maquillado. El espectador tiene que sentir que el personaje es así. La prueba salió estupenda. Y la labor que ha hecho Eduardo en esta película es impresionante. Cuando empezamos a ensayar, enseguida aceptó mi sugerencia de dejarse llevar, de improvisar, y acabó haciendo unos ejercicios de improvisación alucinantes. Todos hicimos nuestro pequeño camino de creer que iba a funcionar.

P: Junto a Diego, Isabel y Sara, un reparto capaz de llevar la historia desde la emoción más intensa al destello de humor. ¿Te has sentido cómodo conduciendo a los actores hacia registros tan distintos?
O: Lo maravilloso de contar con Daniel es que, además de estructurar muy bien la historia y de saber manejar la mezcla de géneros, añade comedia, humor, algo que en una película tan dramática como ésta es fundamental. Ciertas cosas se han perdido en el montaje por necesidades de equilibrio en la forma de contar la historia. Pero siempre construye personajes que aportan ángel, luz, a la película. Aquí son los que interpretan Clara, Marcel, Cristina, Egido y Callejo. Ainhoa y Juanjo tenían una doble labor: darle entidad y conflicto a sus propios personajes, y humanizar a Diego. Un día antes de empezar a rodar les propuse a todos no un ensayo general a la manera del teatro, sino una puesta en escena común donde a la vez fueran actores y espectadores de sus compañeros, secuencias del guión y algunas que no estaban en el guión. Surgió una energía interior que nos hizo sentir que formábamos parte de un grupo, que cada uno de los personajes eran una pieza importante de un todo. Completamos un 70 % del guión, salió muy bien, se lo pasaron pipa, y en la comida posterior hablaban entre ellos de sus respectivos personajes y de la historia en conjunto. Salió tan bien que me encantaría repetirla en futuras películas.

El mal ajeno
El mal ajeno

P: No es habitual encontrar títulos españoles con una presentación tan cuidada como la propuesta que hace El Mal Ajeno. ¿Se debe a esa mezcla de experiencia y talento fresco?
O: Cada elemento aporta una serie de cosas. Por ejemplo, las interpretaciones son muy naturalistas. Yo les pedía verdad. Pero en los momentos de género saben aportar ese matiz propio del cine de género. En la parte visual (decorados, fotografía, vestuario…) había que buscar el equilibrio. Yo sentía que si hacíamos una película hiperestilizada la cosa no iba a funcionar, que iba a chocar con las interpretaciones, como una foto con todo muy virado hacia un color (esas cosas de cine moderno que a mí me encantan pero que para esta película no veía o no era necesario), pero también había que huir de un excesivo naturalismo. El cine es cine y la vida es la vida. Entiendo que es difícil, pero es algo que estaba en el propio guión: una historia fantástica contada desde un punto de vista realista, algo que le ocurre a gente cotidiana que tiende a reaccionar como lo haríamos cualquiera de nosotros. Eso Daniel lo hace muy bien, sabe bajar al personaje a la realidad.

P: ¿De dónde surge la idea de El Mal Ajeno?
O: Esta película intenta entrar en el claroscuro o en la sombra de la naturaleza humana, en esa idea que nos venden de formar parte del mundo. El ser humano es individual y sobre todo se interesa por su propia vida y por la de un reducido grupo de personas. Esto es humano. Para intentar explicar la película siempre pongo un ejemplo… Me gusta ver las noticias mientras como. Son dos funciones complicadas de hacer a la vez porque en cualquier cadena el retrato que nos hacen del mundo es terrible (guerras, hambre, dolor…), pero de alguna manera sigo comiendo. Si en ese momento suena el teléfono y me dicen que hay alguien de mi familia al que le está pasando algo terrible, automáticamente dejo de comer. Esto que parece tan absurdo explica cómo estamos hechos los seres humanos. Nadie desea el mal ajeno. Ver en el telediario a toda esa gente sufrir es duro pero no nos quita el apetito; sin embargo, cuando las tragedias ocurren dentro de nuestro círculo, nuestra vida se para. Negar eso es ir en contra de la naturaleza humana. ¿Por qué somos así? Nuestros seres queridos son nuestro mundo. Los demás son los demás.

P: ¿Crees que el público se va a identificar con el dilema al que se tiene que enfrentar Diego?
O: Yo me siento más espectador que director de cine. Y como espectador no me gustan los mensajes, que me aleccionen, sino que me propongan. Alejandro lo decía en una de sus películas: Me interesa un cine que es capaz de formular preguntas, y no un cine de respuestas. El cine es interacción y quiero que una película me dé un margen para aplicar mi propia forma de pensar. El Mal Ajeno, en todo caso, lo que pretende es lanzar una pregunta al espectador, una muy concreta. La película elabora de forma muy sugerente esa pregunta: ¿Se puede vivir sin que nadie destacado te importe? ¿Pensando que todas las personas significan para nosotros lo mismo? Somos definidos por un grupo muy concreto de personas… nuestros seres queridos, los que nos forman como personas. ése es el dilema de Diego, y de otros personajes de la película. ¿Puedo vivir sin que nadie me importe?