
Invasion Travesti es un film independiente realizado sin apenas medios, pero que con mucho esfuerzo ha conseguido pasarse en festivales o pases promocionales en Londres, Argentina, y varias ciudades de su país de origen, España.
Entrevistamos a tres de sus actrices: Oren Moreno, Anabela Mira y Luichi Macías, que para aparecer en este web realizaron un reportaje fotográfico exclusivo con el director de fotografía Álex Catalán, inspirado en las vampiresas de la Hammer.
Jerónimo de los Santos, codirector y coguionista del film, también habló con nosotros sobre la película, el cine en España, o futuros proyectos.
«El film es independiente en todos los sentidos» -nos cuenta Oren– «Lo es partiendo de la concepción artística, no se trata de estar subvencionados o no, sino que los creadores cuenten lo que quieren contar, independientemente de las modas artísticas o sociales. El hecho de rodar contra todo presenta muchas dificultades, pero cuando algo se hace desde el corazón, con vocación, y sabiendo lo que se quiere hacer, se consigue.»
Oren estudiaba derecho, pero deseaba dar rienda suelta a su vena artística. Estudió en el instituto de teatro, dedicándose después al teatro de investigación, trabajando en Cuba, o impartiendo clases para el master de la escuela de San Martin (Londres). En el film interpreta a Bárbara, la protagonista, que tras varios años se reune con su hermano Guillermo, que había estado viviendo en una misión africana. «Bárbara es una chica muy luchadora, que consigue siempre lo que quiere. Es una enamorada de la vida y es una chica que olvida lo que no le gusta, por ello olvida su pasado con su hermano Guillermo. Es una niña caprichosa, que trae a su hermano, intenta traicionarlo vendiéndolo, pero en esa traición se da cuenta de que le quiere, y surge la verdadera Bárbara que es capaz de defender a su hermano. Es valiente… pero lo es por inconsciencia».
Tras su reencuentro, Bárbara y Guillermo se ven envueltos en un cambio social. Todos los hombres se están convirtiendo en travestis, y las mujeres están siendo encerradas en ghettos, donde se agrupan en bandas de moteras lesbianas. Anabela es la jefa de una de las bandas de moteras, y la interpreta Anabela Mira, una actriz portuguesa que dejó su carrera de Bioquímica para venir a España a estudiar teatro.

Sobre su personaje, Anabela opina que «va de dura, pero no es nada dura. Va de jefa pero no comanda nada…». «Anabela controla a las mujeres» -dice Jerónimo– «aunque ellas están sometidas por los travestis. Cuando se cabrea de verdad es cuando hacen peligrar el orden travesti, sólo cuando les tocan el corazón, no por una lucha de clases, sin valorar su capacidad de acción».
Luichi Macías realiza un papel muy pequeño como una de las moteras bolleras. Para ella, la historia ofrece la posibilidad de que las mujeres saquen su cara masculina, y los hombres la femenina: «No es una parodia, sino una crítica. Es muy interesante, porque permite que nos miremos en un espejo y veamos que todos cometemos los mismos errores, independientemente de nuestro sexo».
Los dos personajes tratarán de averiguar lo que ocurre tras todo esta situación. «Ellos llegan a la ciudad con la idea de averiguar lo que ocurre» -habla Jerónimo– «pero él comienza a dejarse arrastrar por esa locura. Además ellos quieren solucionar su propio problema personal, su falta de comunicación, y todas las utopías han quedado en segundo plano.»
Oren añade: «Cada uno puede sacar su propia visión de Invasión Travesti, como los directores han querido que sea así. Y eso es lo bueno del arte, que cada uno puede interpretarlo a su manera; para mí ante todo es la historia del amor entre un hombre y una mujer, que casualmente son hermanos, casualmente él es cura, casualmente ella es la última mujer heterosexual, y casualmente hay una invasión travesti. Pero salvan las circunstancias, y la historia queda finalmente frustrada por la propia vida de ambos».

Para Anabela«I.T. es una peli fantástica y futurista. Y que habla de una cosa muy curiosa, de que la sociedad cada vez pasa más. Los hombres hacia los hombres y las mujeres hacia las mujeres. El ser se complica tanto, que van hacia el lado más fácil, aquel que le va a comprender mejor».
Jerónimo añade «Da igual que seas un hombre o una mujer, los problemas son los mismos: deseo, errores… Y una cosa que me interesaba mucho mostrar es que las personas que llevan mucho tiempo juntas, no por ello se comunican mejor que la gente que se conoce poco. Es una historia muy teatral y carnavalesca. En el ritmo, y en la fábula, ves que son personajes, pero no son personas. Son como muñecos a los que los llevan de aquí a allá, que representan un poco la locura del mundo en el que vivimos, en el que uno no acaba de tener un control completo sobre su vida, sino que te ves arrastrado por el resto de la gente. Es una comedia irónica, en ese sentido están un poco deshumanizados. En el fondo me da pena, porque hubiese querido darle más humanidad, que no hubiese salido una historia tan negra. En el próximo proyecto quiero salvarme a través de ellos, porque ahora no sólo no me he salvado, sino que me río de la posibilidad de salvarme.»
«El final del mundo, que es una idea que corresponde con la época en la que hicimos la película, a finales de siglo, es como el principio. Es un telón de fondo, lo importante es lo que le ocurre a dos personas que no se comunican, pese a que llevan juntos desde pequeños. Se ocultan, se traicionan, se engañan. Tienen que ver con Adán y Eva: la idea general es que la traición es de ella. Pero realmente la traición también es de él, que traicionó no sólo a la mujer a la que quería, sino a la única persona del mundo, pese a que sabía que los iban a echar del Paraíso.»
Durante el rodaje, se sucedían las anécdotas. Anabela, que es una chica de aspecto frágil, tenía que llevar en algunas escenas un enorme casco vikingo. «El casco pesaba una barbaridad, y claro, mientras había que probar las luces y todo, yo tenía que acostarme, apoyar los cuernos a la pared… Y a la hora de rodar había que aguantar la escopeta, la moto, el casco… apenas podía moverme».
Para Oren, la escena más difícil fue otra. «Lo que más me costó fue la escena de sexo. Para la escena del beso, el actor se llevó a su novia, y después era él el que intentaba meterme la lengua en la boca». Jero comenta que «para lucirse delante de su novia se negó a quitarse el calzoncillo, y tuvimos que usar un doble de cuerpo para una escena en la que se le ve el trasero.»

Como hemos dicho, Invasión Travesti se ha pasado ya en varias ciudades. «Dentro del circuito pequeño en el que se ha pasado la película, a la gente le ha gustado bastante», nos comenta Luichi. No obstante, también hay opiniones muy contrarias, como nos apunta Oren: «O gusta o se critica, nadie queda indiferente. Nunca se sabe a quien va a gustarle y a quien no».
El film se rodó con el apoyo de algunos colectivos de gays y lesbianas, lo que indica que de ningún modo se han molestado por el film, aunque sobre la posibilidad de escandalizar a otros colectivos, Jerónimo nos dice: «En España, y aquí en Sevilla especialmente, tienen mucho peso las tradiciones, y por eso hay comunidades que se pueden sentir molestas, pero la intención no es molestar a nadie, es una revisión de la realidad un poco crítica. En Sevilla puede molestar por ejemplo que en una de las escenas salgan dos curas maricones peleándose por la ropa de una virgen. Pero esa no es la gente a la que está dedicada el producto. De todas formas, escandalizarse a estas alturas de la vida es ya algo ridículo». Otra cosa que Jerónimo tiene claro es que de poco sirve que el film se mueva o guste en pequeños círculos «No quiero ser un film de culto. Porque lo malo es que de eso te enteras cuando pasan 15 años, y ya realmente no te sirve de nada».
Todos siguen con nuevos proyectos. Oren sigue participando en montajes teatrales e impartiendo clases; Anabela vive a caballo entre Lisboa y Sevilla, a donde viene para montar nuevas obras; Luichi, entre papel y papel, trabaja como modelo («pero en plan supervivencia, lo que me gusta es actuar y el baile, me encantaría hacer de malísima en un film de terror, para quitarme el miedo de cuando era pequeña y veía las películas de terror escondida tras el sillón»); y Jerónimo prepara ya su nuevo proyecto, «en la próxima historia aparece el arzobispo, la prostitución ligada a la iglesia, a la mafia… A veces creo que me busco que me den bofetadas por todos lados, pero tengo esa necesidad de transgredir. Pero otros no hablan de ello, pretenden ignorarlo para no tener problemas, pero son cosas que están aquí».
Todos ellos tienen claro que la situación del cine en España no es tan buena como la pintan. «¿Qué es más importante, la calidad o la cantidad?» -comenta Jerónimo– «Víctor Erice ha hecho 3 películas, y Colomo lleva… Por eso me gusta el cine sudamericano, porque cuando ves una película, sabes que se han hecho porque necesitaban hacerla, sabiendo que no van a ganar dinero, y que van a tener problemas de distribución.»

«Los grandes ideales ya no existen.» -opina Luichi– «Una confía en que la gente nueva del cine cuente cosas, hasta que les dan el caramelo… y entran en el mercado. Ese es el miedo, porque a mí me gusta el cine comprometido. ¿Me meto en el sistema y hago dinero con teleseries de porquería? Eso es algo que te deja frustrada e insatisfecha… Tienes ese camino, o seguir con lo que quieres, expulsar lo que tienes dentro, contar las cosas que quieres hacer».
Anabela hace hincapié en la falta de oportunidades «Hay mucho, mucho talento, mucha gente en muchos campos, pero falta dinero, y eso se nota. En España hace falta una política de cultura de verdad, y que se den cuenta de que es una buena inversión».
Ahora la película busca distribución, pero tanto si la consiguen como si no, todo el equipo de la película ha conseguido lo que quería, hacer cine y contar una historia.
Fotos: Álex Catalán










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