23 de abril de 2021

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Las cicatrices de Drácula (1970)

Por cosas así se hundió la Hammer Films
Las cicatrices de Drácula

Título original: Scars of Dracula
Año: 1970
Compañía: Hammer Films
Director: Roy Ward Baker
Guión: Anthony Hinds
Reparto:
Dennis Waterman (Simon Carlson)
Christopher Lee (Conde Drácula)
Jenny Hanley (Sarah Framsen)
Christopher Matthews (Paul Carlson)
Patrick Troughton (Klove)

Las cicatrices de Drácula
La mirada del vampiro

Sinopsis:
Los restos de un Drácula derrotado yacen en su castillo de Transilvania. Hasta que un enorme murciélago entra por la ventana, escupiendo sangre sobre los huesos del vampiro, que recobra la vida y vuelve a aterrorizar el pueblo cercano, lo que provoca un enfrentamiento con sus habitantes, decididos a acabar con la amenaza del monstruo.

Mientras tanto, el mujeriego Paul se ha visto en un problema. Una de sus conquistas le acusa falsamente de violación, lo que le obliga a huir de la fiesta de cumpleaños de su amiga Sarah, novia de su hermano Simon. La huida de Paul sufre una serie de coincidencias que provocan que termine buscando alojamiento en el castillo de Drácula, donde el Conde, su sirviente y su concubina le dan la bienvenida.

Las cicatrices de Drácula
Marcando el ganado

Comentario:
La sexta entrega del Drácula de la Hammer supone dos cambios importantes en la saga. El primero, que no se respeta una continuidad con la anterior, como sí habían hecho las anteriores entre sí. Un detalle sin mucha importancia al lado de la segunda diferencia notable, que es el descenso de calidad que supone dentro de la saga.

Roy Ward, que una década antes lograse un Globo de Oro con La última noche del Titanic, ofreció aquí la de arena. Todo da la sensación de haberse hecho rápido, con la única inquietud de ofrecer al público más del personaje, con más sangre y más erotismo, como el público de la época iba demandando. Aunque sea a costa de un guion atropellado, con escenas estiradas hasta no dar más de sí, y un reparto en el que la magnética presencia de Lee se encuentra bastante poco arropada; ni siquiera Patrick «Dr. Who» Troughton consigue un sirviente de Drácula que nos atrape.

Pero aquí acaban los cambios. La película es la misma historia contada una vez más, y por un pelín más de sangre aquí o allá o una mejor banda sonora obra de James Bernard, no lograron sorprender a nadie (y mucho menos al espectador moderno). El horror gótico de la Hammer no conseguía adaptarse plausiblemente a los nuevos tiempos, y por eso podemos considerar que la película es un buen ejemplo que explica el declive que sufrió la compañía durante los 70s. De hecho, fue la primera película de Drácula que no tuvo interés en distribuir ninguna major.

Agotada la fórmula, ni siquiera el mayor protagonismo de Lee, a la altura de la primera película, despierta suficiente interés. Los momentos cómicos fallan, y los murciélagos de goma son más de goma que nunca. La crítica la machacó, y la Hammer, consciente de sus errores, preparó algo muy distinto para su siguiente entrega. Pero esa es otra historia…