23 de abril de 2021

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Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

El prisionero (1967-68)

Patrick McGoohan revoluciona la televisión
El prisionero

Título original: The Prisoner
Año: 1967-68
País: Reino Unido
Director: Patrick McGoohan, Don Chaffey y otros
Creadores: Patrick McGoohan y George Markstein
Reparto:
Patrick McGoohan (Número 6)
Leo McKern (Número 2)
Patrick Cargill (Número 2)
Colin Gordon (Número 2)
Angelo Muscat (Mayordomo)

El prisionero
«¡No soy un número, soy un hombre libre!»

Sinopsis:
Un agente secreto se presenta en el despacho de sus superiores para entregar su renuncia. Mientras está luego en su casa haciendo la maleta para abandonar la ciudad, le duermen con un gas somnífero introducido por la cerradura.
Cuando despierta, se encuentra en un bonito pueblo junto al mar, habitado por personas un tanto extrañas. Lo llaman La Villa, y en ella todos se llaman mediante números, no hay nombres propios.

El agente, al que ahora todos conocen en La Villa como Número 6, pronto comprueba que está allí para ofrecer información a aquellos que están tras su secuestro. Quieren saber para quién trabaja, o qué le hizo renunciar. Él, saber quiénes le tienen retenido dentro de La Villa, y cómo salir de ella, ya que todo plan que intenta parece fracasar gracias al control que el Número 2 (un puesto que cambia regularmente) ejerce sobre la seguridad del lugar.

El prisionero
En el despacho del Número 2

Comentario:
Tras el éxito de la serie Cita con la muerte, que contó con dos etapas en la televisión británica, el actor y productor Patrick McGoohan decidió que no quería seguir intepretando al personaje. Pero, para contentar a sus productores, concedió embarcarse en una serie diferente, que llegaría para romper con toda propuesta anterior vista en la pequeña pantalla. En El prisionero volvía a encarnar a un agente secreto, pero aquí la acción pasaba a un segundo plano. Lo importante era mostrar un ambiente opresivo y perturbador, a la vez que experimentar con las historias.

El desarrollo de los episodios es muy similar. O se trata de un plan de Número 6 para huir, o de un plan de Número 2 (un personaje que interpreta un actor distinto en cada episodio) para hacer que Número 6 hable. En cualquier caso, siempre sabemos cómo acabará todo: la seguridad de La Villa es tan inquebrantable como la voluntad de Número 6.
Un desarrollo que nos ofrece capítulos irregulares, y en alguna ocasión algo repetitivos, todo sea dicho. Pero que permite a McGoohan jugar de muchas formas con la idea. Incluso desaparecer de un episodio completo si otros compromisos cinematográficos le hacían ausentarse.

Parte de la irregularidad la tiene también el hecho de que la duración de la serie se extendiese de los 7 episodios iniciales a los 17 finales. Una decisión a la que se forzó a McGoohan para tener más opciones de vender la serie a Estados Unidos (mismo motivo por el que hoy la disfrutamos en color, y no en el blanco y negro habitual de la época en la TV inglesa).
Con todo, cada episodio intenta ofrecer algo diferente, y reflexionar de una forma filosófica sobre temas como la libertad, la política, la verdad, la identidad, la rebeldía… todo tiene mucho más que ver con la contracultura de los 60s que con las películas de James Bond. Y todo en un entorno extraño a la par que neutral (la preciosa villa galesa de Porthmadog, casi que el segundo protagonista de la serie) que permite que a día de hoy la serie siga siendo tan actual como en su día. No es una historia de oeste contra este, ni siquiera de buenos contra malos. Es un relato sobre un individuo contra un sistema que parece controlar todo, una lucha que permanece tan actual como entonces.

El recibimiento de la serie fue fantástico. Cada semana todos esperaban para ver un nuevo intento de huída (aún a sabiendas de que acabaría fracasando). Más dividida quedó la audiencia tras el último episodio. Si la serie a veces rozaba el surrealismo, el último capítulo (o los dos últimos, que se suceden a diferencia del resto, que son todos independientes) es toda una «marcianada» (mucho antes que los momentos televisivos más personales de David Lynch en Twin Peaks) que provocó todo tipo de reacciones. Los fans esperaban descubrir todos los secretos de La Villa en ese final, y quedaron aún más confundidos. Hasta el punto de que McGoohan tuvo que retirarse al interior varias semanas para evitar encuentros con televidentes descontentos.