22 de abril de 2021

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El fantasma de las 10.000 leguas (1955)

Ni fantasma, ni leguas, ni nada de nada
El fantasma de las 10000 leguas

Título original: The Phantom from 10.000 Leagues
Año: 1955
Compañía: Milner Brothers Productions / ARC
Director: Dan Milner
Guion: Lou Rusoff y Dorys Lukather
Reparto:
Kent Taylor (Ted Stevens)
Cathy Downs (Lois King)
Michael Whalen (Profesor King)
Helene Stanton (Wanda)
Phillip Pine (George Thomas)

El fantasma de las 10000 leguas
El monstruo acecha en las profundidades

Sinopsis:
Mientras lanza sus redes en el mar, un pescador es atacado por un extraño ser submarino. Su cadáver aparece poco después en la playa con graves quemaduras, donde lo descubren un oceanógrafo y un investigador, que sospecha del primero. El segundo, por su parte, sospecha que las quemaduras pueden deberse a la radiación.

En la localidad hay más personas interesadas en los cuerpos que van apareciendo en la playa. Está el Profesor King, un científico ensimismado en su proyecto, su hija y asistente; George, otro científico que intenta descubrir a qué se dedica King para robar sus descubrimientos… ¿en quién se puede confiar? ¿Tiene el monstruo relación con alguno de ellos?

El fantasma de las 10000 leguas
Un encuentro casual en la playa

Comentario:
Si viendo el título de esta película alguno se pregunta si se estrenó poco después de la adaptación de 20.000 leguas de viaje submarino que protagonizó Kirk Douglas, la respuesta es sí, un año después. Hemos pensado lo mismo, ¿verdad? Aunque más allá del título, en realidad se trata de un exploit de La mujer y el monstruo y los temores radioactivos explorados en Godzilla, estrenadas igualmente un año antes.

La ARC había descubierto el potencial económico de las películas de serie B, y pronto descubrió que la mejor forma de ganar dinero con las sesiones dobles era encargarse de producir las dos películas. Para la principal contrató a Roger Corman, pero le faltaba dinero y medios para producir la película que sirviese de complemento. Así que encargó a los hermanos Milner, dos editores que querían pasarse a la producción, una película que acompañase a El día del fin del mundo. Dan, que había tenido una experiencia como director en los años 30, se encargó de dirigir la película.

El bajo presupuesto puede explicar que el traje del monstruo parezca un dragón chino más que ninguna otra cosa. O que la noche americana que se usa en el film sea de las peores que vayas a poder ver, enterándote de que estamos de madrugada por los diálogos. Incluso que la misma barca la usen distintos personajes a lo largo de la película. Lo que no se entiende es que unos editores, que trabajan para mejorar el ritmo de una película, dediquen buena parte de su metraje a que veamos cómo los personajes abren y cierran puertas, una y otra vez. Vamos, que sólo les faltó poner puertas en la playa para iniciar y terminar así también las escenas de exteriores.

Tampoco mejora la cosa cuando la puertas se cierran y comienzan los diálogos. La historia no es buena (aunque a favor diremos que nos gusta la idea del «whodunit» inicial, con varios personajes sospechosos de tener relación con el monstruo), pero las conversaciones son ya directamente tediosas; con una subtrama romántica que no sólo no se sostiene por las circunstancias del guion, si no que encima nos ofrece todo cliché posible de la época. Los actores lo defienden como pueden, y van desde un digno Ken Taylor, al amateurismo de otros de sus compañeros de reparto.

El monstruo, por lo cutre del disfraz y lo caro de los planos subacuáticos, apenas sale; con lo cual de terror andamos escasos. De hecho, hay más planos de personajes dejando el abrigo en el perchero que del monstruo. Y como película de espionaje o policíaca, que es hacia donde más apunta la historia cuando no están abriendo/cerrando puertas y realmente pasa algo, tampoco tiene mayor interés. De lo peorcito de la década. Aunque, eso sí, el programa doble de la ARC dobló en taquilla la inversión realizada.