28 de noviembre de 2020

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Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

Colmillos asesinos (1983)

Zapatero a tus zapatos
Colmillos asesinos

Título original: Mongrel
Año: 1983
Compañía: Paragon Video Productions
Director: Robert A. Burns
Guión: Robert A. Burns
Reparto:
Terry Evans (Jerry)
Mitch Pileggi (Woody)
Aldo Ray (Bouchard)
Rachel Winfree (Turquesa)
Andy Tienann (Ken)

Colmillos asesinos
Una de las pesadillas de Jerry

Sinopsis:
Ken se muda a una casa de huéspedes en las afueras, en la que viven otras siete personas. Están el introvertido Jerry, la dulce Shannon, el arrogante Woody o el solitario Ike, un aficionado a lo militar que tienen un agresivo perro en el jardín. Cuando el perro rompe la cadena y ataca a otro de los compañeros, Woody le dispara y acaba con la vida del canino.

Ike está desconsolado por la pérdida de su perro, pero más aún porque Sharon, con la que tuvo alguna cita en el pasado, parece estar iniciando un romance con Ken. Así que decide unir fuerzas con su enemigo, Woody, para gastarle una broma que tendrá terribles consecuencias.

Colmillos asesinos
Woody e Ike planean su broma

Comentario:
Director artístico de varios clásicos del cine de terror como La matanza de Texas, Las colinas tienen ojos y Aullidos, Robert A. Burns intentó emular a los directores con los que había trabajado en su carrera y crear su propia película. No le debió ir muy bien, ya que estamos hablando de su único intento, antes de volver a su anterior trabajo y participar en nuevos clásicos como Re-Animator.

Lo cierto es que el guion hace aguas por todas partes, y para colmo lo vemos venir de lejos. Los personajes son unidimensionales, y casi que lo podemos agradecer viendo la mayoría de las actuaciones (y sobreactuaciones). Ni siquiera el veterano Aldo Ray (La impetuosa, Chica para matrimonio) sube el nivel interpretativo. El actor en aquella época estaba en bancarrota debido al alcohol, sus matrimonios fallidos y su batalla contra el cáncer, por lo que dicen que aceptaba cualquier papel que cayese en sus manos. Sus apariciones como casero son tan forzadas que hasta la propia película se burla en una de ellas.

Lo único destacable de la película es lo que Burns sabía hacer bien. Y es dar un toque de fealdad y decrepitud a todo el ambiente en el que se desarrolla la historia, jugando por una vez a hacerlo a más niveles de los que estuvo siempre acostumbrado. Lo hace sin apenas presupuesto, y sin apenas mostrar sangre, como viese de primera mano que hacía Tobe Hooper en La matanza de Texas. Desgraciadamente, no resulta bastante ni siquiera para recomendar un vistazo a su película.