26 de septiembre de 2021

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Snake Eyes: las localizaciones

Viajando por el mundo con los eprsonajes de G.I. Joe
Snake Eyes: El origen
Robert Schwentke dando indicaciones en el set

Según el productor Lorenzo di Bonaventura, el arma secreta del equipo técnico en Snake Eyes: el origen fue el diseñador de producción Alec Hammond. Hammond, que había trabajado con el director Robert Schwentke en otros seis largometrajes, entre los que cabe mencionar la serie Divergente. Leal y RED, dice que cuando leyó el guion, su primera impresión fue que, a pesar de que era una película del género de las superproducciones de acción, también había una historia universal que se apoyaba en los temas de la fidelidad y el altruismo, cuestiones con las que se puede identificar el espectador medio.
“La idea es encontrar una familia, superar el pasado y descubrir una nueva forma de vivir en las circunstancias en las que te ha tocado vivir”, dice. “Quería reforzar esas nociones con los ambientes y con las estrategias visuales que he empleado a lo largo de toda la película”.

Los cineastas se dirigieron inicialmente a Vancouver, Columbia Británica, en donde rodaron muchas de las escenas de interior en grandes estudios de rodaje. “Sería imposible encontrar en Japón templos históricos que se pudiesen quemar y en los que permitiesen rodar escenas a tiro limpio, llenándolos de agujeros, así que preparamos un escenario”, dice Hammond. “En Vancouver hay técnicos con un talento increíble, que construyeron todos estos escenarios: los diseñaron, los pintaron y se encargaron del atrezo. Fue una verdadera suerte contar con artesanos tan hábiles y aplicados”.

Schwentke señala que en Japón hay unas reglas muy diferentes sobre lo que se puede rodar y los sitios en los que se puede rodar. “Hay muchas limitaciones sobre lo que se puede rodar en la calle en Japón”, dice. “No hay un organismo gubernamental que te dé un permiso. Simplemente no existe. Así que si te planteas la posibilidad de rodar escenas de acción en la calle en Japón, la respuesta rápida es que no puedes hacerlo”.

Cuando Schwentke quiso rodar una compleja lucha cuerpo a cuerpo ambientada en Tokio, Hammond y su equipo tuvieron que replicar en Vancouver uno de los famosos callejones angostos de la ciudad japonesa. “En ocasiones tienen menos de un metro de anchura y nunca llegan a los dos metros”, explica. “Hay máquinas de aire acondicionado que salen de las paredes, letreros de neón y pegatinas por todas partes. Es prácticamente imposible saber qué letrero corresponde a cada sitio. Pudimos recrearlo de una manera que le dio al coordinador de escenas de lucha Kenji Tanigaki la oportunidad de montar un combate increíble en un entorno visual único. Hicimos que lloviese a cántaros, así que caían regueros de agua por los dos lados de las espadas de samurái cuando las blandían por el aire. Es una escena muy elaborada, compleja, tanto en términos de acción como de personajes, rodada en un escenario”.

Snake Eyes: El origen
Snake Eyes: El origen

La Mina Britannia, actualmente clausurada, fue en el pasado la mayor mina de cobre del Imperio Británico, y es el marco en el que tiene lugar el brutal combate de boxeo sin guantes entre Snake Eyes y el sanguinario Bruiser. “Es, básicamente, una pelea a muerte en un cuadrilátero”, dice el luchador y actor Mojo Rawley. “Hay espectadores furibundos por todas partes, que arrojan armas y navajas y botellas rotas y martillos, un follón tremebundo”.

Los productores estuvieron rodando treinta días con la primera unidad en el interior y los alrededores de algunos de los monumentos históricos de Japón más conocidos. “Nos esforzamos mucho para aprovechar al máximo los fabulosos exteriores que hay en el país, dice Jeff G. Waxman, productor. “Muchos de ellos no se habían visto nunca en una película, o desde luego no en una película estadounidense. Nuestros exteriores son reales y cautivadores.”

Para crear el mundo de los Arashikage, tanto en Japón como en Vancouver, los cineastas construyeron un entorno que era, a la vez, moderno y medieval, reminiscente de los inveterados lazos existentes entre el clan, sus tierras y sus habitantes. “El solar de los Arashikage evoca unas remembranzas ancestrales que en ocasiones se adentran en el mundo de la fantasía”, afirma Schwentke. “Es importante creer que, en el interior de la casa solariega que estábamos creando, estas cosas podían llegar a pasar. Nos pareció que había que forzar un poco la realidad, acentuándola.”

El diseñador y el director realizaron investigaciones en profundidad y visitaron multitud de enclaves. “Era como si todo en la historia de Japón, desde los elementos arquitectónicos a los sistemas de ventilación y los materiales de construcción, narrase la historia de cómo este clan podría haber evolucionado a lo largo de la historia”, nos indica Hammond. “En ningún caso podría haber construido un templo en Vancouver que tuviese planchas de cedro de 300 años de antigüedad, con hornacinas de quince metros de altura para albergar un Buda. En una película como esta, en la que se somete a los personajes a experiencias trascendentales, hace falta amplitud y extensión. El único lugar en el que podíamos encontrarlas era en la realidad de la arquitectura japonesa.”

Snake Eyes: El origen
Snake Eyes: El origen

El baluarte del clan resultó especialmente desafiante. El diseñador combinó elementos arquitectónicos de diferentes lugares para materializar el entorno que había ideado. El castillo Kishiwada, en Osaka, fue la fuente de inspiración inicial para la casa solariega de los Arashikage. Erigido por primera vez en el siglo XIV, se había modificado y restaurado varias veces, la más reciente de ellas en 1954. El castillo actual tiene tres plantas de altura y está compuesto por un foso, una impresionante torre almenada y un magnífico baluarte central, el edificio intensamente fortificado que tradicionalmente sirve como lugar de último refugio en caso de ataque.
“Nos aseguramos de mostrarnos respetuosos en todo momento con los exteriores”, dice Schwentke. “Había ciertas limitaciones. Por ejemplo, no podíamos acercarnos a algunos templos durante las oraciones. Pero son cosas que no pueden reproducirse.”

A poco menos de 100 millas de distancia de Osaka está el templo Engyo-ji, que en la película representa el lugar sagrado de los Arashikage: su santuario ancestral. Se trata de un complejo de edificios fundado inicialmente como templo budista en el año 966, del que se dice que ha sido refugio de invierno de samuráis. Su apacible entorno montañoso da la impresión de ser remoto, aunque la ciudad de Himeji se perfila en el horizonte.
“La arquitectura del templo Engyo-ji era el entorno perfecto para ese lugar sagrado”, dice Hammond. “Lo rodeamos con miles de faroles que representaban a los caídos. Esto resulta esencial cuando Snake Eyes traiciona al clan y permite que el público capte el ultraje al espacio y a la confianza del clan de una forma visual.”

Para Schwentke era importante que el público creyese que la casa solariega de los Arashikage era un lugar lleno de magia y misticismo, según indica el diseñador. “La primera vez que vi el templo Engyo-ji era un día de niebla, el suelo estaba empapado, y un manto de rocío cubría todo el entorno. De pie en medio de aquel patio pensé que si fuese posible toparse con una anaconda albina gigante en algún lugar del mundo, sería allí.”
Empleando esa imagen como inspiración, diseñó el terreno en el que Snake Eyes ha de superar los tres desafíos del guerrero, una serie de pruebas que según los Arashikage revelan el verdadero carácter de los candidatos a ninja. “Era una gran oportunidad de construir en Vancouver una escenografía con ciertos toques grandilocuentes”, reconoce Hammond. “Preparamos un mural gigantesco en las paredes exteriores, que perforamos para que fuese posible entrever a las serpientes, reptando tras el mural.”

El parque Robert Burnaby, junto a Vancouver, es llamativamente parecido al terreno que circunda el castillo Kishiwada. Hammond aprovechó esas similitudes construyendo una espectacular entrada al campo de la serpiente en el parque. “El follaje, los árboles, el aire del entorno, todo encajaba perfectamente con Japón”, dice el productor Erik Howsam.