1 de marzo de 2024

CineFantastico.com

Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

Sitges 05, el desmesurado gusto por la extravagancia

Nos acercamos al mejor festival de cine fantástico de nuestro país

En líneas generales, dos cosas ha quedado clara en esta edición número 38 del Festival Internacional de Cine de Catalunya: Una, que por todos los rincones del mundo existe una tendencia a intentar innovar, cinematográficamente hablando, aunque en ocasiones se llegue a unos extremos por dar la vuelta a la tortilla de la narrativa visual sin tener nada que contar debajo que puede llegar a provocar el empacho el tipo de semejante propuesta.

Otra, que Sitges es un Festival de clase B y no lo disimula, con todos los pros y los contras que ello conlleva, aunque una vez mas se haya hecho el intento de vestir a la mona de seda, haciendo bailar a las grandes estrellas de aquí para allá y quedando bien ante las cámaras con ello, pero sin olvidar al fandom que espera pasárselo bien con las sesiones nocturnas cinematográficas y que la visita de la Jodie Foster de turno le trae sin cuidado, aunque descuidando algunos elementos que deberían mejorarse – errores a la hora de proyectar las películas, subtítulos que aparecen a los veinte minutos de haber empezado la proyección…-.

A nivel de selección se ha abusado, quizá, de traer películas “alternativas” a destajo, usando como siempre la expresión de “el fantástico tiene ahora un amplitud más amplia”, que viene a decir lo mismo que “vale todo”.
No obstante, se puede hablar de éxito. Las cifras dadas por Ángel Sala hablan por si solas, se habrán cerrado tratos con distribuidores de todo el mundo, y aunque en una cantidad menor que en otras ocasiones, el Festival ha dado de si varias perlas, y se han descubierto a nuevos directores que seguro darán que hablar en el futuro.

festival de Sitges 2005
Cartel del festival

La sección oficial. Vencedoras y vencidas.

Un buen Festival no sería lo mismo si no tuviera como mínimo algo de polémica en su Palmarés. Quizá hace unos cuantos años Hard Candy, de David Slade, hubiera levantado más ampollas que ahora. No se puede negar que es una película incómoda, aunque no nos engañemos, cómodamente resuelta. En este perverso cuento de una niña que busca venganza –no se termina de saber si real o si de ultratumba- contra un presunto pederasta, se observa una utilización muy ajustada de su limitadísimo presupuesto en forzar al máximo el duelo interpretativo entre Patrick Wilson y una estupenda Ellen Page –pronto en “X Men 3” interpretando a Kitty Pryde, si se confirman los rumores-.Con un modo de presentar la violencia y de jugar con el estómago al espectador que trae a la cabeza a las películas de Michael Haneke, éste caramelo de difícil digestión evoca a un modo de hacer cine que estuvo muy en boga hace una década y que el tiempo ha demostrado que su impacto tiene una fecha limitada de caducidad. En otros tiempos hubiera provocado mucho más revuelo y muchas más opiniones encontradas, hoy en día es un tipo de film que gusta a todo el mundo –lo revela que ganara también el Premio Especial del Público-, así que sus victorias como mejor película y mejor guión –este último merecidísimo- parecen disfrazar un intento por mojarse que no es tal, pero que tampoco molesta y deja satisfecho a casi todo el mundo.

Un lástima por que la propuesta más sugerente de la sección oficial, la estupenda Trouble de Harry Cleven, se fue de vacío –aunque es la ganadora del Melíes de Plata como mejor película fantástica europea-. En un argumento que empieza evocando a Roman Polanski para dar un giro hacia media película al Brian DePalma de sus primeros tiempos, un hombre descubre que tiene un hermano gemelo tras muchos años ignorándolo y poco a poco éste irá inmiscuyéndose en su vida, removiendo el pasado olvidado del protagonista hasta dar de si un desenlace espectacular e inesperado, muy bien pensado y que hace dudar a un servidor si algún o algunos de los miembros del Jurado se la saltaron –no tuvo mucho bombo ni se habló en exceso de ella, hasta parecían ignorarla la mayoría de los críticos que puntuaban las películas en los diarios del Festival-. Un pecado es que no ganara el premio por su doble papel de Matyas y Thomas el excelente Benoit Magimel a la mejor actuación, en beneficio de Lee Kang-Shen, por “El sabor de las sandías” (también premio especial del Jurado), ésta sí, el tipo de film que provoca revuelos, rechazos absolutos e adhesiones inmediatas y que sólo por ello quizá debiera llevarse algo, aunque su pase en un tipo de público provocara un cansancio ya extremo por lo comentado anteriormente, las propuestas de máxima extravagancia que no terminan de funcionar.

Una de las películas más esperadas del Festival era sin duda Sympathy for Lady Vengeance, de Park Chan-Wook, después que pasara el año anterior como un vendaval con su maravillosa “Old Boy”. Este título a pesar de formar parte de su ya famosa trilogía de la venganza, y de compartir claramente temática, es una película muy diferente a la anterior, tanto en sus personajes protagonistas –en las antípodas del personaje principal ésta Dama vengativa de aquel hombre encerrado durante quince años que arrasaba contra todo como una fuerza de la naturaleza, aquí mucho mas sutil, e incapaz de encontrar satisfacción una vez su plan ha resultado- como en la estructura de su guión. Éste ha sido uno de los puntos más debatidos a lo largo del Festival, si realmente Wook puso el mismo interés en los dos primeros tercios del film –una especie de “cruce de caminos” entre varios personajes alrededor de la protagonista- que en el último –la propia ética de la venganza, y el poder de decisión sobre ella-, indudablemente su punto fuerte y que lo eleva como un cohete por encima de la media. No creo que nadie emita una sola palabra de queja ésta vez por el premio concedido a su actriz protagonista, la excelente Lee Yeong-Ae.

Sympathy for Lady Vengeance
Sympathy for Lady Vengeance

Por dos años seguidos lleva Johnnie To ganando el premio al mejor director, elección discutible y que pone de nuevo el dedo en la llaga de que es y de que no es fantástico. Y es que sinceramente da demasiado la sensación de que en ocasiones o se ha de premiar por decreto, o se dejan entrar dentro de la sección oficial cualquier título que provenga de Oriente, sea cual sea su temática. Mucho mejor hubiera encajado Election dentro de la sección Orient Express –que por algo fue creada- y haber dejado paso a algún título de esta en una sección que le pertenecía con mas derecho –me viene a la cabeza la estupenda “Antarctic Journal”-. Allí podría haber ganado con toda justicia, y esto es una crítica al modelo de selección, no al excelente último trabajo de To, donde precisamente lo que más destaca es su realismo, sucio y descarnado, en esta historia sobre dos bandas rivales que luchan por hacerse con el bastón de líder de las Triadas de Hong Kong, un acercamiento interno a ese mundo terrible, cargado de política y rituales ancestrales. Hasta se podría decir que es una película que evita abusar de la violencia, salvo por alguna escena concreta, y donde la mayor virtud del vencedor sea evitar una sangrienta guerra de bandas –lo que puede provocar en el aficionado al cine de gángsters más convencional el enfado por esperar el estallido de sangre que nunca llega-.

The Piano Tuner of the Earthquakes, de los hermanos Quay, y Mirrormask, de Dave McKean, fueron ganadoras en diversos aspectos técnicos. Ambas son dos películas que lucen mucho en su apartado visual, pero que se diferencian en el modo de plantear la historia. La primera busca utilizar un lenguaje recargado de poesía –con olor de baratilla- y complicar una historia sobre la búsqueda de la inmortalidad y del amor a través de la tecnología –con un final sospechosamente parecido con la novela de Adolfo Bioy Casares “La invención de Morel”, con la que guarda más de una semejanza-, termina por fracasar su propuesta al alargar una película que a pesar de su innegablemente brillante estética preocupa muy poco al espectador, debido a la poca empatía que despiertan sus personajes y al aburrido modo de contar la historia.

La película de McKean, por otra parte no se ha complicado la vida en su cuento sobre una adolescente –Stephanie Leonidas, la reina teen de los escenarios londinenses con un futuro pero que muy prometedor- que busca una máscara de espejo en un mundo imaginario mientras la vida de su madre pende de un hilo, historia que nos han contado muchas veces antes, sí –todo el mundo coincide, y no sin razón, el parecido con “Dentro del Laberinto”, de Jim Henson, por cierto vista en el Festival dentro del homenaje al llorado marionetista-, pero cuya principal virtud es precisamente esa, contar la misma historia de siempre pero con un imaginario visual novedoso. Recomendable para los fans de McKean, sospecho que aburrirá bastante a todos los demás.

A Bittersweet Life
A Bittersweet Life

La sombra de “Old Boy” sigue siendo alargada, pero si es para generar secuelas como A Bittersweet Life, de Kim Jee-Woon, que lo siga siendo por mucho tiempo. Ésta vez es un guardaespaldas el que busca venganza, tanto contra su propio jefe como contra la banda rival de éste, por culpa de una mujer –no podría ser de otro modo-, aunque esta vez sea el amor platónico el que se castigue. Vibrante, con un ritmo endiablado y deudor de la estética manga, con referencias a películas hollywoodienses como “Muerte entre las flores” o “Uno de los nuestros”, y con una banda sonora excelente, ganadora de éste premio, fue una de las propuestas orientales más brillantes.

No se puede decir lo mismo del último trabajo de Takashi Miike, The Great Yokai War, película que junta a las legendarias criaturas “Yokai” –una especie de seres que habitan en los páramos, a uno por región, si me quedó claro- en una lucha entre el bien y el mal entre un crío y un señor de las tinieblas. La película empieza bien, y trae a la memoria un tipo de cine infantil que parece haberse llevado el paso del tiempo, pero es solo un espejismo, pues la cosa va derivando a un tipo de cine de acción idiota tipo “Power Rangers” y además adehesado con montones de chistes estúpidos.

Quizá The Dark no vaya a levantar el entusiasmo que si logró John Fawcett con su saga “Ginger Snaps” entre los entusiastas del género, quizá por presentar una película excesivamente formal y adecuada al tipo de terror hollywoodiense que se lleva hoy en día, con los irritantes aumentos de los efectos de sonido cada vez que ocurre “algo” (de una vez por todas debería dejarse claro lo que es asustar y lo que es aterrorizar) y efectismos al uso que suelen presentar todas, pero no por ello es del todo carente de interés, quizá por presentar una serie de temas poco vistos en este tipo de películas –el sentimiento de culpa debido a ser una mala madre provoca que el amor no siempre lo consiga todo- y por tener un viaje interdimensional hacia su parte final que a pesar de no ser nada del otro jueves si que resulta original y hasta cierto punto fascinante.

The Dark
The Dark

Una lástima que Le Moustache, del célebre escritor francés Emmanuel Carrére, se desinfle hacia mitad de metraje después de su espectacular inicio, que tiene mucho parecido con el relato del genial Richard Matheson “Desapareciendo”. Un día cualquiera Marc (Vincent Lidon) se levanta por la mañana y se afeita su bigote… para que después nadie note la diferencia, ni su mujer ni sus amigos ni compañeros de trabajo, y es más, hasta nieguen la existencia de ese bigote. A partir de ahí no sólo el bigote será el que desaparezca, si no la existencia que conoce Marc como tal. Por desgracia, o la película no está muy bien adaptada de la novela homónima de su propio director, no sabiendo narrar cinematográficamente el proceso de cambio que sufre el protagonista, o Carrére se sintió tan perdido como el propio Marc cuando llevaba 50 páginas de libreto, por que en su parte final la película entra en un estado de onirísmo donde realidad y “presunta” realidad se entremezclan, sin terminar de dar ninguna explicación y cuyo mensaje resulta, por lo menos, inquietante, pero un tanto vacío.

La serie iniciada por Equan Choe con “Whispering Corridors” alcanza su cuarta entrega con Voice, film que mezcla el drama y el horror funcionando, sorprendentemente, mejor en lo primero –reminiscente incluso en ocasiones de la obra maestra de Peter Weir “Picnic en Hanging Rock”-, que en lo segundo. La muerte y trasvase al más allá de una jovencita fallecida en misteriosas circunstancias en una escuela privada de señoritas no evitará que mantenga el contacto con su mejor amiga, con la que intentará resolver un misterio que lleva más tiempo del que parecía en un principio dentro de las paredes del colegio.

Los tailandeses Parkpoom Wongpoom y Banjung Pisanthankun por su parte presentaron Shutter, la enésima “Ringexplotation”, de la cual lo más que uno puede esperar al ponerse a verla, aparte de la sensación de “deja vu”, inevitable, es que por lo menos tenga un par de sustos afortunados. Alguno tiene, sí, pero escenas que provocaron risas en la sala también –solo de pensar en su última escena… lástima no poder destripar nada…- no atreviéndose a hincarle el diente al tema que podría haber hecho las delicias de los aficionados a lo sobrenatural de las imágenes que aparecen en fotografías de personas fallecidas, quedándose en mera anécdota, y con unas inconsistencias de guión, digamos, graves.

Seven Swords
Seven Swords

Más de un exegeta de la obra de Tsui Hark está de enhorabuena con su retorno a un tipo de cine que maneja mejor que nadie con Seven Swords, primera parte de una saga de en principio siete largos sobre siete justicieros, cada uno diferente al otro pero que tienen en común unas dotes excepcionales para la lucha. La película falla quizá en dos puntos que por otro lado son difíciles de adaptar, uno que se hace demasiado larga, y dos, que parece que le haga falta más tiempo para desarrollar más a los personajes y a las situaciones. Quizá dividida en más filmes podríamos estar ahora hablando de una película verdaderamente grande, pero si van a ser siete imagino que ya se han superado los límites de la paciencia de cualquier productor. De todos modos resulta en general afortunada, tanto por su toque de cuento legendario como por sus extraordinarias secuencias de acción, que provocarán el entusiasmo de los seguidores del swordplay.

El cine español tuvo su presencia en ésta sección con La monja, de Luis de la Madrid, un nuevo intento por parte de la Fantastic Factory de sacarse unos dinerillos sin romperse demasiado el coco –y bienvenidas sean siempre estas propuestas si ello lleva consigo el atreverse a arriesgar con otro tipo de productos de mayor enjundia-, y con Oculto de Antonio Hernández, que de fantástico tenía poco, pero donde no hay para elegir…

Secciones paralelas. Perlas y piedras.

La sección “Noves Visions” nació con la intención de traer un tipo de cine diferente, provenga de cualquier parte del mundo que provenga, y arriesgado. Es aquí donde, escarbando, se pueden encontrar piezas extraordinarias y fuera de lo común, y donde también uno se va a dar más de un canto en los dientes cuando las propuestas, a priori, más interesantes, generen en una migraña infernal.

Migraña no, pero más de un dormido se pudo ver durante el pase de Citizen Dog, de Wisit Sasanatieng, comedia tailandesa “a lo Amelié”, sobre un inocentón jovenzuelo que busca conquistar al amor de su vida, una maniática del orden, cruzándose en su vida una serie de personajes a cual más extravagante, todo aderezado con suaves cancioncillas que terminan convirtiendo un plato dulce en excesivamente empalagoso. Todo el mundo pareció coincidir en que se había hecho demasiado larga, y es extraño, durando unos standards cien minutos.

Eli, Eli, lema sabachtani?
Eli, Eli, lema sabachtani?

Eli, Eli, lema sabachtani?, de Shinji Aoyama, se convirtió, a nivel personal, en una de las películas más sorprendentes de las visionadas. Lejos –muy lejos- de ser un largo redondo, he de reconocer que este canto de amor a la música noise resultó tener secuencias realmente evocadoras (junto con otras muy irritantes), y tener un background muy bien parido. En un futuro donde existe una enfermedad contagiosa que va provocando suicidios por doquier, solo dos músicos parecen tener la respuesta a la curación a través de su música. Mucha experimentación musical –a ratos casi documental, y a pesar de mi nulo conocimiento del noise, muy curiosa- y escenas realmente sobrecogedoras –todavía me viene a la cabeza una muy concreta, de un viaje en carretera, donde puede verse gente ahorcada a cada lado-, que, eso sí, también tiene en su gusto por lo lisérgico momentos de aburrimiento soberanos.

Feed de Brett Leonard, también termina dando la sensación de que es un tipo de filme que llega varios años tarde, por mucho que trate de darle una estética y un ritmo visual novedoso que está a medio camino entre un episodio de “Cops” y un videoclip cualquiera de la MTV. Por mucho que haya algo nuevo que contar, es la enésima vuelta de tuerca al cine de psychokillers, esta vez centrado en uno que solo siente placer alimentando a mujeres obesas y después matándolas. Aburrida, tanto en su intento de disfrazar una historia de baja estofa en cine de qualité, como en un argumento al cual si se le quita toda su paja sórdida –que no es tanta como se la vendía, al menos si hubiera sido así…- no tiene apenas nada que decir.

Tuvo en los 90 sus años dorados, pero el paso del tiempo no ha sido muy generoso con Hal Hartley, el cual dejó de llegar a las carteleras españolas hasta caer en el olvido. Ganadora del premio que otorga esta sección a la mejor película, The Girl from Monday, es su acercamiento propio a la ciencia ficción de un modo muy “artie neoyorkino”. Con un universo donde se desarrolla la acción muy bien planteado, donde el sexo genera beneficios y la dictadura del consumo ha terminado por imponerse, la llegada de una inocentona extraterrestre pondrá la vida de dos compañeros de trabajo, Jack y Cecile, patas arriba. Con una duración justa y un más que correcto acercamiento a temas como la pérdida de las emociones dentro de la vida urbana, dejó bastante satisfecho al personal –a pesar de que su estética “modernilla” no termine de encajar demasiado bien en la historia que cuenta, pero que al menos disimula su presupuesto-.

Grizzly Man
Grizzly Man

Un título de culto inmediato fue lo que consiguió Werner Herzog –que también presentaba en la sección oficial “The Wild Blue Yoder”, la cual recibió una mención especial del jurado por la interpretación de Brad Dourif- con su documental Grizzly Man, sobre la vida y la muerte de Timothy Treadwell, hombre que viajó durante 13 años consecutivos a las remotas regiones de Alaska para vivir entre los osos durante una estación por año, aprovechando para grabar en video sus experiencias y de paso ganarse una popularidad en el Discovery Channel, y que terminó siendo asesinado por uno de sus peludos “amigos”. Herzog no se corta ni un pelo al presentarnos a Treadwell, en ocasiones desde un punto de vista compasivo –solo hay que ver el tipo de gente que le rodeaba en su vida para explicarse su deseo de huir-, en otras rematadamente cruel con su persona-y es que, ¿por qué iba un ecologista a salvar a los osos a una zona protegida?-. Combinando en ocasiones tragedia, en otras una mala leche gigantesca, este maravilloso documental termina por calar hondo, no por lograr hacer que el espectador logre identificarse con Treadwell –quizá, demasiado peculiar-, pero si por terminar entendiéndolo… y hacer lograr comprender a una persona que (quizá), estuviera mal de la cabeza a través de remover diversas emociones, la pena, el humor, la compasión, la vergüenza ajena, (no solo una de ella), termina por resultar un mérito muy grande.

Aparte del soberbio trabajo de Herzog, otras dos películas presentadas en esta sección fueron de quitarse el sombrero. Una de ellas era de esperar: Haze, el retorno de Shinya Tsukamoto tras lograr el éxito de año anterior con “Vital”, un mediometraje televisivo nada sencillo, y que sorprendió a los que se temían encontrarse una obra menor de su autor. La angustia absoluta es lo que protagoniza realmente su historia, en un hombre que está atrapado en unas catacumbas y que para lograr huir de ellas tendrá que soportar las torturas más extremas, torturas no efectuadas por ninguna persona física si no por el propio ambiente, como si las paredes jugaran constantemente en su contra. Si termina siendo, como parece ser, una metáfora sobre las dificultades que tiene el protagonista para conllevar una relación con una mujer también prisionera de ese infierno, Dios se apiade de Tsukamoto si jamás ha llegado a sentir nada parecido.

Saint Martyrs Des-Dames, del canadiense Robin Aubert, fue el definitivo sorpresón del Festival, una historia que logra tener entidad propia a través de construirse, como si de un rompecabezas se tratara, a través de referencias a numerosísimas películas, desde clásicos como “El Resplandor” o “Twin Peaks” hasta otras más minoritarias como “Muertos y enterrados” o “Dead End”. Flavien Juste, un periodista de un diario sensacionalista de temática paranormal, es enviado junto a un fotógrafo de la misma publicación a un remoto pueblo de Québec donde la gente parece desvanecerse. La desaparición de su compañero, las constantes visiones del más allá que le acosan, y el cúmulo de personajes bizarros que habitan en el lugar, cada cual escondiendo un secreto peor que el anterior, llevan a Flavien a buscar ya no solo a su amigo si no su propia identidad. Con una lograda atmósfera, algunas secuencias de pesadilla que descolocan, un afortunado sentido del humor –muy presente en la primera parte de la película, y que va difuminándose en la parte final- y una conmovedora historia de amor, “Saint Mártiyrs Des-Dames” descoloca a cualquiera en su primer visionado, necesitando un tiempo para ser digerida. Quizá juegue en su contra esa necesidad tan habitual hoy en día de apreciar las cosas de inmediato, pero esta joyita, como los mejores platos, necesita un tiempo para digerirse.

Saint Martyrs Des-Dames
Saint Martyrs Des-Dames

Pero, como es normal, en una sección que se toma riesgos, a la vez que uno encuentra perlas, también da con otras piezas infumables. En esa categoría entrarían títulos como Nuit Noire, de Olivier Smoldiers. A veces da la sensación de que en algún lugar de la Tierra alguien ha plantado una granja de David Lynchs, y de tanto en cuando surgen como remakes inconfesos y deformes de su obra. Utilizando el estilo de ensoñación surrealista de “Cabeza Borradora”, pero sin la capacidad de sugestión del genio de Montana –el genio se le reserva a unos pocos- , el sopor se adueñó de la sala en esta pedantería de eternos 92 minutos que, al menos, tenía algún apuntes visuales interesantes, dentro de lo poco que hay por salvar aquí.

Ni eso ya tiene Room, del norteamericano Kyle Henry, sobre la necesidad de escapar de su rutinaria vida de una mujer abandonando a su familia y trabajo, buscando una habitación la cual aparece en sueños y en visiones provocadas por dolores de cabeza. En su viaje se irá metiendo en una serie de situaciones inconexas que, tal vez, guarden algún sentido, pero deben de pertenecer a un código privado del señor Henry y no quiere que nadie más atraviese los muros de su mundo. Aburridísima.

Dentro de la sección “Anima’t”, dedicada a las películas de animación, el film que levantó más expectación y un llenazo total en el Auditorio fue Final Fantasy VII: Advent Children, secuela de un videojuego de inmenso éxito. Por desgracia, su disfrute parece reservado a los fans del juego, por que la historia, amén de parecer un puzzle indescifrable para el no-iniciado, está plagada de referencias tipo personajes que aparecen por las buenas, sin explicación, provocando los aplausos en la sala, o de melodías que también desembocan en palmas. Supongo que tendrá su público, a tenor de las reacciones, pero francamente, yo no me enteré de nada.

Antarctic Journal
Antarctic Journal

En la sección Orient Express, la justa ganadora es la anteriormente mencionada Antarctic Journal, de Yim Phil-Sung. Tal vez si hubiera entrado por justicia donde realmente merecía, esto es, en la sección oficial, hubiera ganado un premio de los grandes. Con un planteamiento muy cercano a las “montañas de la locura” de Lovecraft y a los pasajes finales de la “Narración de Arthur Gordon Pym” de Poe, narra el viaje por parte de seis exploradores a una región inhóspita de la Antártida, un lugar en teoría jamás pisado por el hombre hasta que encuentran un antiguo diario de unos exploradores británicos, cuyas vivencias parecen asemejarse demasiado a las suyas propias. Una presencia sobrenatural parece asediar al grupo y empujar a la locura al líder de la exploración, una presencia ancestral sin forma, transmitida a través de los propios parajes, las extrañas formas que se dibujan en la roca, las pesadillas que provoca, las alucinaciones… Extraordinaria, con un final repleto de una atmósfera logradísima, se traduce en que habrá que seguir la carrera del señor Sung muy de cerca…

En una sección dedicada al cine oriental que se precie no pueden faltar muestras del espectacular cine de acción que allí se gastan, y esto vino de la mano de dos películas bien diferentes. Born to fight, de Panna Rittikrai, es una tontería más cercana a un espectáculo circense que a una película en sí, plagada de patadas, explosiones y mucha lucha. Se puede disfrutar si se es un seguidor de las acrobacias, pero si uno busca que le expliquen una historia, no una necesariamente compleja o ni siquiera bien hecha, simplemente una historia, encontrará más de si en un vídeo que recopile los mejores goles de Pelé.

Por su parte, New Police Story cumple con ambos cometidos, guión –sencillito, pero algo hay- y espectacularidad, demostrando que Jackie Chan debe beber de una pócima de eterna juventud, a juzgar por su estado de forma. Muy divertida.

Una de las películas que más extrañeza provocó fue The Neighbour no. Thirteen, de Yasuo Inoue, revisión del mito de Jekyll y Hyde. En esta ocasión, el monstruo nacerá producto del acoso que es sometido un chaval en la escuela por parte de sus compañeros. Años más tarde, cuando se reencuentre en su trabajo con el antaño niño que capitaneaba sus brutales bromas, su lado oscuro –inquietantísimo Shun Oguri en su papel de doppelgänger- se apoderará de él en busca de venganza. Abusa demasiado de efectismos –cambios de imagen real, música atronadora- , pero está bastante lograda en cuanto logra transmitir bastante su gusto por lo malsano y por alguna escena de sorprendente violencia.

The Neighbour no. Thirteen
The Neighbour no. Thirteen

El homenaje perpetrado por el Festival a la figura de Johnnie To permitió recuperar alguna de sus obras anteriores a “Breaking News”, como The Mission, película dedicada a esos personajes de los cuales nunca parece nadie acordarse –los guardaespaldas del gangster jefe- , con buenas escenas de acción y buen tratamiento de los personajes, aunque resulte una obra inferior al tipo de cine que nos está ofreciendo ahora este director. El pase vino acompañado del breve pero interesante documental “Milkyway”, sobre el modo de trabajar de To.

El cine que nos viene

La Sección Premiere es una buena muestra de las películas que se van a estrenar –o que ya se han estrenado, en el momento que escribo estas líneas se han podido ver ya cuatro de ellas-, las “afortunadas” que no tienen que pasar la dura criba de pasearse por Festivales buscando distribuidor.

Una historia de violencia de David Cronenberg, es una obra maestra, indiscutible. De hecho, visionándola cuando el Festival ya casi llegaba a su fin, no pude evitar tener la sensación de haber visto una obra que sobrevolaba por encima del resto. Saber captar la atención del espectador, narrar una historia interesante, con un fondo temático dedicado a la violencia que repercute como un virus a los personajes que le rodean, tener a buenos actores en estado de gracia, y no hacer ascos con las escenas de acción –que demuestran que es una historia de violencia, tanto de forma como de fondo-. La madurez que parece haber alcanzado el director canadiense parece al alcance de unos pocos, y quién esperaba que se había domesticado tras haber contado todo lo que tenía que contar –tampoco creo yo que sea cuestión de dar cien mil vueltas al mismo tema- sobre la Nueva Carne, se equivocaban.

Serenity, de Joss Whedon, es el trasvase a la pantalla grande de la serie de TV “Firefly”, que tuvo escaso éxito en su pase por la TV americana pero que el tremendo bombazo que supuso su edición en DVD animó a la Fox a producirle a Whedon una película, a modo de episodio de cierre, o al menos por el momento. Sin haber visto la serie –aunque me pondré a ello pronto-, y a pesar de tener (a priori) los defectos que suelen tener todos estos tipos de producto –es decir, un episodio corriente de la serie donde se da un poco más de todo, más acción, más explosiones…- lo cierto es que me lo pasé como un enano con las aventuras del capitán Mal y su tripulación en guerra contra la Alianza. Si, da más de todo, pero su gusto por el espectáculo, su ingenio en los diálogos y situaciones –la mayor virtud de Whedon- y el saber sacar rendimiento de un grupo de actores bastante limitado me hacen pensar si no estaremos ante la “space opera” sucesora de aquella que sucedía en una galaxia muy, muy lejana, y que fue maltratada por una serie de indignas precuelas…

Serenity
Serenity

Dentro de las bastantes virtudes que tiene la industria francesa, una que siempre me ha llamado particularmente la atención es saber rentabilizar sus best-sellers en películas de éxito, cosa que en nuestro país no terminamos nunca de hacer a pesar de nuestros tímidos intentos. L’Empire des loups de Chris Nahon es una buena muestra de ello. Un thriller lleno de giros pretenciosamente sorprendentes y con bastante acción que sin ser una buena película, si está “bien presentada”, con un cuidadísimo diseño de producción y un reparto que se gana un buen cheque sin hacer los papeles de su vida – aunque siempre correctos, Jean Reno y Arly Jover-.

Ojalá algún productor pusiera el ojo en producciones como esa, no ya para hacer buenas películas, si no para no caer en el ridículo más espantoso con cosas como Somne, de Isidro Ortiz, horrorosa muestra de cine de género de nuestro país que parece haber sido realizada con la más grande de las desganas, debido a que el equipo técnico y el artístico ya habían dado muestras de una mínima competencia en otras ocasiones. ¿Poca inspiración o vagancia?. Su argumento oscila en torno a una bióloga que regresa a la Universidad donde estudió para hacerse cargo de una serie de experimentos relacionados con la capacidad de acumular información en el cerebro y poder enviar información a través de la mente, y allí descubre que hay gente con muy malas intenciones que pretenden aprovecharse de esos experimentos. Su inicio nos muestra una especie de thriller a lo Michael Crichton, lo cual no sería una mala idea, si no fuera por que a los diez minutos la cosa ya se ha plagado de situaciones absurdas y diálogos ridículos que sonrojan al espectador con más de una neurona.

Con Frágiles, Jaume Balagueró parece que por fin ha dado ese paso necesario para meterse en la primera división de los directores fantásticos mundiales –en este país ya lo era prácticamente desde su primer corto-. Por fin aparca las tramas innecesarias que no llevan a ningún lado que poblaban sus anteriores largos y en esta ocasión se limita a contar una pequeña historia de fantasmas, tan sencilla como efectiva, que si no fuera por alguna concesión sería todavía un título más notable de lo que ya es. Sacando el máximo rendimiento a su internacional elenco –destacando Elena Anaya-, sin abusar del gore ni de golpes de efecto y aprovechando su mayor virtud –la creación de atmósferas-, parece que por fin ha dado del todo en el clavo.

Frágiles
Frágiles

La correcta El exorcismo de Emily Rose de Scott Derrickson, intenta moverse entre dos aguas, el cine de juicios y el de terror, con desigual fortuna. Parece muy empeñada en querer concienciarnos de que existen fuerzas sobrenaturales diabólicas que parecen moverse invisiblemente entre nosotros, o al menos eso parece querer darnos a entender no solo la trama dedicada al exorcismo –narrada a través de flashbacks, y que tiene un par de escenas francamente sobrecogedoras- y esto daña en parte en su trama dedicada al juicio, al tomar partido demasiado pronto por uno de los bandos –hasta la abogada protagonista parece asediada por una de estas fuerzas-. No se convertirá en un clásico y estará siempre a la sombra de otras producciones de temática satánica con mucho más empaque, pero se deja ver con interés.

Cuando llega la medianoche

“Midnight X-tremes” y “Mondo Macabro” son las dos secciones nacidas para el disfrute del personal más irreverente, con ganas de disfrutar ya sea con películas buenas o malas, echar unas risas y disfrutar de lo lindo con zombies, gore y demás. En ella pueden caber cosas mas o menos convencionales, como Reeker , de David Payne, un correcalles de un monstruo con bastante mala baba que persigue al clásico grupo de muchachotes yanquis que se han quedado asilados en una carretera. Disfrutable, consciente de sus limitaciones y además con cameo sorpresa de siempre bienvenido a cualquier fiesta Michael Ironside. O secuelas de desastres, como House of the Dead 2: Dead Aim, de Michael Hurst que por la vía del humor intenta hacer olvidar el despropósito de Uwe Boll.

Una de las películas que más expectación creó en estos horarios nocturnos fue The Roost, de Ti West, que incluso mereció ser portada del diario del Festival el día de su primer pase. Se había comentado mucho su carácter de presunto homenaje (a mi no me quedó claro que pretendía homenajear salvo por la presentación tipo Elvira del tipo siniestro al comenzar, por un lado me dicen que al cine “drive-in” de los 50, otros que al terror setentero…) y su gore… Resultó ser una terrible decepción, aburridísima a más no poder.

Zombie Honeymoon
Zombie Honeymoon

Sin embargo, otra producción con un presupuesto equivalente al que a uno le queda tras recibir el cambio por comprar el pan, resultó mucho más sugerente y disfrutable: Se trata de Zombie Honeymoon, de David Gebroe. Aquí no solo funciona su “homenaje”, si no que se explota hasta límites insospechados el drama que puede producir que en una luna de miel el novio se convierta en zombie y tenga la necesidad de ir comiéndose a cualquiera que se cruce delante suyo. Resulta ser “seria” dentro de los límites en los que juega, pero además gasta muy mala uva cuando le toca, y su aspecto visual, grabada en video, le da un toque documental de realismo sucio que la puede volver en ocasiones hasta desagradable. Y ojo a Tracy Coogan, por que se come la pantalla. Todo un descubrimiento, esta actriz.

Otros títulos, como Dead Meat de Connor MacMahon, o Wild Country, de Craig Strachan, cumplieron con su cometido de llenar de sangre las pantallas nocturnas, mucho mejor la primera, que no para en ningún momento de reírse de si misma, que no la segunda, una a ratos bastante soporífera peli de licántropos.

Lo de Mondo Macabro ya era otro nivel, y tanto el filme vampírico indio “Bandh Darwaza” de Shyam y Tulsy Ramsay, como “Virgins from Hell” de Ackyl Anwari, como “Spirits” de Victor Vu provocaron el despiporre general. Por allí también se vio la renombrada “Lady Snowblood”, por haber sido una de las máximas inspiradoras del “Kill Bill” tarantiniano, y que contó con la presencia en el público de “the man” en persona.

Buen ojo tuvieron tanto Tarantino como el director Eli Roth en presentar Hostel en horario nocturno, o al menos hicieron gala de saber a que tipo de público va dirigida su película. Personalmente me pareció más divertida que la mediocre “Cabin Fever”, quizá por ese inicio donde se nos muestran a los habituales jovenzuelos yanquis tipo “American Pie” haciendo el capullo antes de que empiece el espectáculo gore donde se les deja a buen recaudo, quizá por que en la parte final la amenaza cambia totalmente de color, y la violencia que emite el personaje que previamente la ha recibido ya no solo no impacta si no que hasta provoca que la gente disfrute viéndola, cuando lo mismo antes daba repelús.

Hostel
Hostel

Curiosidades y anécdotas

– Algunas cosas que ocurren en Sitges realmente son para hacérselo mirar para futuras ediciones. Películas que se cortan en mitad de la proyección (“El Exorcismo de Emily Rose”), otras que se emiten sin sonido durante un buen rato hasta que por fin alguien se da cuenta, y, oh!, se le olvida encima poner los subtítulos hasta pasados veinte minutos (ocurrió durante el pase del correcto telefilme de Jack Sholder “Doce días de terror”, producción surafricana basada en los hechos que inspiraron “Tiburón”), DVD’s proyectados en pantalla grande (“The Neighbour no.13”)… Son pequeñas cosas, pero “ensucian” un poco el resultado final.

– Aunque algunos voces que me han llegado han considerado que esta edición del Festival ha sido bastante mediocre (a mi personalmente me ha parecido potable, en todo caso), al menos han quedado satisfechos con la excelente sección “Europa Imáginaria”, que ojalá tenga algún tipo de continuidad. Poder ver en pantalla grande titulazos como “Repulsión”, de Roman Polanski, “Tras el cristal”, de Agustín Villaronga, o la obra maestra catódica “The Kingdom”, de Lars Von Trier, es un placer que debería estar ahí por derecho año tras año.

– Por desgracia no pude estar (¡maldición!), pero uno de los highlights del Festival fue la rueda de prensa de “La monja”, con una Cristina Piaget por lo visto pasadísima de vueltas que respondía con una energía poco común –hasta que Julio Fernández tuvo que invitarla a tomar un café- y un Luis de Madrid que llegado un momento sufrió de un ataque de pánico y fue incapaz de responder a más preguntas. Jesús, hasta hubiera pagado por ver eso.

– Por momentos parecía que, antes de entrar en el pase de “Hostel” en el Auditori, se iba a desatar la guerra entre los enloquecidos fans de Tarantino que se enzarzaban a gritos cada dos por tres cada vez que alguna miserable alma se equivocaba y se colocaba en la parte de la cola que no le correspondía.

– Nathan Fillion y sobre todo la pobre Summer Glau debieron aburrirse como ostras durante la rueda de prensa de Joss Whedon, puesto que el director y guionista acumuló el grueso de las preguntas. Destacar que no está confirmada su presencia aún como director de “Wonder Woman”, que cabe la posibilidad de que se realicen más secuelas de “Firefly”, y –interesante esto-, que ve muy viable la posibilidad en un futuro muy cercano que se realicen series de TV para su explotación directa en DVD, saltándose el pase televisivo…

– A Tarantino pudo vérsele no solo durante el pase de “Lady Snowblood”, sino durante la maratón zombie –que por cierto vino acompañada de un divertido teatrillo por parte de unos “zombies reales” que invadieron el cine en medio de la proyección de “Zombie Honeymoon”, y de “estranquis” durante el pase de “Reeker” y “The Roost”, entrando en la sala habiendo empezado la primera para evitar el acoso de los fans. Se rumorea que le hicieron un pase privado de “Seven Swords”…

– Y durante la rueda de prensa confirmó que su nuevo proyecto será una película de terror a medias con su compadre Robert Rodríguez, emulando el espíritu de las sesiones dobles de antaño.