17 de enero de 2021

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Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

Queer Horror, homosexuales en el cine de terror

Que lo único que quede en el armario sea el monstruo
Sangre y rosas (1960)
Sangre y rosas (1960)

Queer Horror es un término que cada vez se va asentando más en el vocabulario de los aficionados al fantástico. El «terror mariquita» (que sería la traducción más literal del término) hace referencia a obras enmarcadas dentro del género de terror en las que alguno de sus personajes, o de las actitudes de éstos, son abiertemente homosexuales (o bisexuales). En los últimos años se está comenzando a convertir en un verdadero subgénero, e incluso se están produciendo las primeras películas en las que todos sus protagonistas son gays.

Sin embargo, los orígenes se remontan a la narrativa gótica de los siglos XVIII y XIX. Recordemos por ejemplo el lesbianismo palpable en Carmilla, de Sheridan Le Fanu (normalmente exagerado en las versiones cinematográficas de la novela como Sangre y rosas o Alucarda). Otros autores de la época (algunos de ellos gays reconocidos) como Lor Byron, Oscar Wilde o John Polidori también contribuyeron en mayor o menor medida a reflejar un sector de la sociedad que por entonces era tabú, encontrándose a veces con la oposición de sus propios editores.

Llegó entonces el estallido de la novela pulp, lo que fomentó la autoedición. Historias de vampiros con una carga homosexual evidente comenzaron a fluir, para escándalo de una sociedad demasiado puritana aún. Para colmo, el cine comenzaba a ser un arte cada vez más popular, y en el que los affairs homosexuales eran comidilla de todos. La estricta moral estadounidense decidió cortar de raiz el problema, redactando el Código Hays, que desde 1930 prohibió que se mostrasen personajes homosexuales en el cine (entre otras muchas normas que no nos ocupan hoy).

Directores como F.W. Murnau o James Whale reaccionan reivindicando los problemas de su condición sexual a través de metáforas que puedan saltarse el código. En el Nosferatu de Murnau, el ataque del conde a Hatter podría decirse que tiene un tono algo erótico. En la obra de Whale, por ejemplo, tenemos al Monstruo de Frankenstein o al Hombre Invisible, dos personajes marginados y perseguidos. En el Caserón de las Sombras (1932), también de Whale, el personaje de Ernest Thesiger también parece un homosexual «tapado».

La novia de Frankenstein
La novia de Frankenstein (1935)

Thesiger también apareció en otro film de Whale, la Novia de Frankenstein, en el que junto a Colin Clive formaba la pareja masculina que daba «a luz» a la Novia, mientras el Monstruo intentaba formar un hogar con un ermitaño ciego. Pero no solamente la saga de Frankenstein tiene ciertos elementos homosexuales. También la otra gran saga del terror de la Universal, la de Drácula, tiene muchos puntos dignos de mención en este artículo. Comenzando por el propio film de Tod Browning, en el que la relación entre el vampiro y Renfield, cuanto menos ambigua. Drácula se enfada con las vampiresas cuando se acercan a Renfield, que quiere sólo para él; abandonándole luego y convirtiendo la relación en un juego sadomasoquista, en el que Renfield no consigue olvidar a su amante. Mucho más evidente es el lesbianismo de la Hija de Drácula, que seduce a una chica para llevarla a su casa y que pose desnuda para un cuadro. Una vez que la chica deja sus hombros al desnudo, la vampiresa no puede resistirse al deseo, y muerde el cuello de la fémina. ¿Cómo se saltaron Hays y compañía una referencia tan clara?

Ya en 1945, la versión cinematográfica de el Retrato de Dorian Gray nos ofrece al personaje de Henry Wotton, un amigo de Gray que cuestiona abiertamente las convenciones sociales sobre la moralidad y el placer. Otro ejemplo más de personajes gays encubiertos, que fueron habituales (dentro y fuera del género de terror durante estos años).

Pero a veces, dichos personajes eran el malo de la película. Homosexuales cuya «desviación» les empujaba a ser unos psicópatas. Ésta es una figura recurrente, por ejemplo, en el cine de Alfred Hitchcock. La pareja asesina de la Soga, el asesino de Extraños en un Tren… y, por supuesto, el travesti Norman Bates de Psicosis, un film que vio la luz sin contar con un certificado de aprobación, lo que muestra que por entonces el Código Hays estaba ya perdiendo fuerza.

La casa encantada
La casa encantada (1963)

Ésto explica que en 1963, Robert Wise mostrase a la primera lesbiana reconocida del cine, Theodora en la Casa Encantada. Claire Bloom interpretó el personaje, que retomaría Catherine Zeta-Jones en el remake de 1999. Los 60 eran definitivamente, tiempos de cambios. Los colectivos de derechos civiles y gays eran cada vez más numerosos y cobraban más fuerza. En 1967, el Código Hays desaparecía, dando paso a la actual clasificación por edades que rige el cine en EEUU.

Ese mismo año, la homosexualidad en el vampirismo (común en cualquier película de vampiros) era sujeto de parodia en el Baile de los Vampiros de Roman Polansky, en la que el vampiro más joven de la mansión persigue al protagonista por toda la casa. En 1969, la revuelta de Stonewall marca en la sociedad americana un antes y un después en la carrera por la libertad sexual. Con las barreras rotas (al menos las legales, los prejuicios es algo que aún permanece), los 70 sería una época en la que la homosexualidad entraría de lleno en el cine.

Empezando por la pareja formada por Paul Morrissey y Andy Warhol, que ya venían de escandalizar a muchos con dramas como Trash y Flesh, y que mezclaron su vena provocadora con el terror en Flesh for Frankenstein o Blood for Dracula. Y qué decir de ese clásico que es El Dr. Jekyll y su Hermana Hyde (1971), en el que la Hammer nos ofrecía la historia de un hombre que se convierte en mujer por las noches, seduciendo a víctimas masculinas, y publicitando la película con frases como «verá como esta transformación sexual de hombre a mujer ocurre delante de sus ojos».

También ese año España hacía sus propias aportaciones al subgénero con las lesbianas sedientas de sangre de las Vampiras, protagonizada por Soledad Miranda y dirigida por Jess Franco. Un año antes, y también gracias a la Hammer, habíamos visto algo parecido en las Amantes del Vampiro, protagonizada por Ingrid Pitt. Para el recuerdo quedan también otros momentos de los 70 como el beso lésbico de Barbara Steele en Vinieron de Dentro de…, de David Cronenberg.

Las vampiras (1971)
Las vampiras (1971)

Sin embargo, las grandes superproducciones de la época aún se resistían a mostrar la homosexualidad abiertamente. Por ejemplo, el Exorcista, dirigida por William Friedkin en 1973. El personaje del Padre Karras es gay. Aunque nunca se menciona abiertamente, en el libro se habla de la sexualidad reprimida del personaje, e incluso en la película podemos ver como su mejor amigo es un afeminado pianista, que es la última persona con la que tiene un tierno momento antes de morir, además de recibir algún dardo por parte del espíritu que posee a Regan, como cuando sugiere que se lo haga con el Padre Merrin. En la Centinela (1977), sin embargo, no se deja nada a la imaginación. Los personajes de Sylvia Miles y Beverly d’Angelo son dos lesbianas que viven juntas, y la segunda de ellas se masturba mientras mira fijamente a Cristina Raines.

Por supuesto, no podíamos pasar por los 70 sin mencionar el film más asentado dentro de la cultura gay: the Rocky Horror Picture Show (1975). Toda una fiesta de la libertad sexual y el orgullo gay, con personajes bisexuales, travestis… Todo un contraste con la realidad social de los 70 y 80, que aún rechazaban la homosexualidad sin ningún reparo. Sirva de ejemplo los 10 millones de dólares en entradas que (según estimaba la revista Time de la época) perdió el thriller la Trampa de la Muerte por mostrar un beso entre Christopher Reeve y Michael Caine.

Así pues, en los 80 conviven dos tendencias. La primera, la de captar espectadores mediante el erotismo de escenas lésbicas en producciones independientes o de bajo coste, de las que destacaremos la Guarida del Gusano Blanco, por mostrarnos a la mujer serpiente a punto de sacrificar una víctima con nada menos que un afilado strap-on; Sorority Babes in the Slimeball Bowl-O-Rama, que mostraba una escena en la que el trío de scream queens ochentero por excelencia (o sea, Brinke Stevens, Linnea Quigley y Michelle Bauer) compartían juegos y risas en una bañera durante bastantes minutos; y, por supuesto, el Ansia, en la que la vampiresa Catherine Deneuve y su víctima Susan Sarandon nos ofrecen una de las escenas eróticas más recordadas de la historia del cine.

La otra opción era seguir mostrando la homosexualidad con pinzas, usando dobles lecturas. Por ejemplo, ¿no es Freddy Krueger intentando poseer al joven protagonista de Pesadilla en Elm Street 2 una metáfora de una pulsión sexual que lucha por salir? A medida que Freddy entra más dentro de Jesse («algo trata de introducirse dentro de mí», avisa el personaje), éste va siendo marginado por la familia y los amigos, alejándose de ellos. Entre medio, una amiga le explica como espía a un hombre por la ventana, y él le pregunta si puede verlo. Al final, el beso de una chica es la que acaba con todo.

Noche de miedo
Noche de miedo (1985)

Otra que tal baila es Noche de Miedo, con actores homosexuales como Roddy McDowall o Amanda Bearse. En ella, la relación entre el vampiro y su criado se muestra bastante cariñosa a veces, del mismo modo que el diálogo entre él y Charlie (interpretado por el ahora actor de porno gay Steven Geoffreys) cuando le convence de que se deje morder puede tener un doble sentido. ¿Y qué es sino una gran metáfora ese clásico de la Troma que es Un Monstruo en el Armario?

Aunque no sea terror, mencionaremos la serie A Través del Tiempo, ya que su protagonista ayuda en uno de sus capítulos a un soldado gay. Es una de las primeras veces que la televisión (tradicionalmente más puritana que el cine) mostraba los problemas de un homosexual, y para colmo dentro del ejército. Varios sponsors retiraron sus anuncios al conocer la temática del capítulo.

Y es que el paso de los 80 a los 90, quizá por los prejuicios asociados a un cada vez más extendido virus del SIDA, o quizá por la llegada al poder de George Bush padre, sufrió un ascenso de la homofobia. Los personajes homosexuales volvían a ser los malos de las películas, los asesinos, los locos… ahí tenemos a Buffalo Bill en el Silencio de los Corderos, o a la calculadora Catherine Trammell de Instinto Básico.
Aunque, por supuesto, los vampiros no entienden de políticas ni corrientes. Ellos siempre llevan su carga erótica y homoerótica allá donde vayan. No hará falta que comente nada de Entrevista con el Vampiro, ni la escena lésbica de Alyssa Milano y Charlotte Lewis en el Abrazo del Vampiro.

Terminaremos este repaso hablando del moderno queer horror. Ya hemos pasado de personajes sueltos a que la película esté protagonizada por varios gays, y se desarolle en su entorno. La liberación es ya total. En Invasión Travesti (2000) una toxina convierte a toda la humanidad en travestis, «moteras bolleras»… En Hellbent (2004), un asesino va acabando con la vida de varios homosexuales a lo largo del film, mientras éstos disfrutan las fiestas de Halloween. En Dead Serious (2005), un grupo de vecinos sectarios se acerca a un bar gay para acabar con la «indecencia», y todo se desmadra cuando descubrimos que el bar pertenece a la mafia del barrio, que está para colmo encabezada por vampiros. U October Moon en la que un hombre comienza a ser rechazado por su familia, amigos y novia cuando se dan cuenta de la atracción que siente por su ayudante. Entonces él comienza a hacer lo que sea necesario para que la relación salga adelante…

Hellbent (2004)
Hellbent (2004)

Poco a poco hay que dejar de rascar la superficie, como hemos venido haciendo hasta ahora; hablamos a día de hoy de cine hecho por gays, y a veces para un público gay. El Queer Horror se ha hecho adulto, y ha llegado para quedarse. Y sin tapujos.