
Durante la preproducción, el supervisor de efectos visuales Todd Shifflett, de Rhythm & Hues, se reunió con el realizador y el diseñador de producción para estudiar la ambientación de la película. Paul Weitz se inspiró mucho en los expresionistas alemanes de los años 20 y 30 para el mundo de Larten Crepsley. Sólo fue posible crear el increíble reparto de extrañas criaturas gracias a la ayuda de prótesis, interminables horas de maquillaje y efectos digitales integrados.
El equipo de efectos quería que a la misteriosa y sexy vidente Madame Truska le pudiera crecer una barba en instantes, pero debía parecer natural… con un poco de ayuda de los efectos digitales. Estudiaron todas las posibilidades, desde la velocidad en que nacía la barba, si debía repartirse de forma uniforme, si el bigote y las patillas debían aparecer primero… Se guiaron por las expresiones faciales de la actriz. Salma Hayek recuerda, riendo: “Fueron horas y horas de maquillaje en la caravana, pero tenía muchas ganas de verme con barba. Me gusta la posibilidad de convertirme en otra persona”.
Para crear el escalofriante aspecto de Alexander Ribs/Alexander Costillas, había que fotografiarle a contraluz para resaltar el cuerpo. El supervisor de efectos visuales dice: “Es una maravillosa forma orgánica que casi parece estar envuelta en plástico transparente. Es posible imaginar el peristaltismo, los ruidos y movimientos de los órganos. Reconozco que nos hemos tomado ciertas libertades con la colocación de las vísceras para que cupieran”.

Corma Limbs/Corma Extremidades tiene el fascinante don de regenerar sus extremidades después de que hayan sido destruidas o, en muchos casos, comidas. Para preparar los primeros planos, Todd Shifflett escaneó el cuerpo de la actriz Jane Krakowski. Y para obtener más detalles, realizó un molde de su brazo y de su mano, que se usó en la escena en que el Hombre Lobo le arranca una extremidad.
Paul Weitz no quería horrorizar al público con escenas sangrientas, más bien fascinar al espectador y producirle escalofríos, por lo que el brazo de Corma no debía estar cubierto de sangre. El equipo de efectos se encargó de que el brazo de Corma volviera a crecer como desenrollándose para acabar evolucionando en una mano. Dicen que el amor es ciego, pero también está hambriento, como lo demuestra la escena en que Alexander, el novio de Corma, da un bocado a uno de sus dedos. Para filmar el extraño momento, se colocó un trozo de chocolate moldeado en el dedo de la actriz.
El aspecto de Rhamus Twobellies/Rhamus Dostripas se consiguió mediante la aplicación de una prótesis imitando dos tripas y dos ombligos. El actor debió someterse a cinco horas diarias de maquillaje.
Siempre que fue posible, se intentó incorporar efectos reales al rodaje. Tom Woodruff, un actor que también trabaja en el equipo de efectos especiales y efectos de criaturas, es uno de los que dio vida al Hombre Lobo. Para crear este personaje animatrónico, tuvo que enfundarse un traje que le cubría de pies a cabeza y subirse a zancos de 20 centímetros. Cuatro personas, que llevan años trabajando juntas en el manejo de criaturas, se encargaron de los controles del mecanismo del Hombre Lobo, entre otros el movimiento de los ojos, cejas, mejillas y labios.
Cuando Darren entra a formar parte de la familia circense, debe trabajar. Su primera tarea es limpiar con Rebecca la jaula del Hombre Lobo, que sólo tiene una idea en mente: hacerle pedazos. El productor Andrew Miano dice: “El Hombre Lobo está sentado al fondo de la jaula sobre sus patas traseras, babea y escupe. Para conseguir las expresiones faciales, fueron necesarios cuatro marionetistas”.

Para que Michael Cerveris, un actor bastante delgado, se convirtiera en el regordete Mr. Tiny/Sr. Diminuto, se le aplicaron prótesis faciales y en las manos, además de enfundarse en un traje de hombre lobo. Paul Weitz dice: “Michael Cerveris es un magnífico actor de Broadway, pero casi no ha trabajado en cine. Por lo tanto, al verle en la pantalla, nadie dirá: ‘Vaya, es tal disfrazado’. En ese caso, Michael sólo es un personaje raro que pasa de un lado a otro de la vida y de la muerte”.
Las únicas criaturas totalmente dependientes de los efectos visuales en El Circo de los Extraños son unos personajes de 75 centímetros de alto que, en realidad, son almas muertas. Mr. Tiny/Sr. Diminuto, el genio del tenebroso mundo, las ha forjado a partir de vampiros muertos. Debido a una extraña tregua, han podido estar temporalmente en el Circo.
Darren se ve obligado a abandonar a su familia y convertirse en vampiro cuando Octa, la fascinante araña de Crepsley, pica a Steve. El actor Chris Massoglia dice: “Los dos chicos van al Circo de los Extraños, y Darren decide llevarse a Octa. Pero la araña pica a Steve, y para salvar a su amigo, no le queda más remedio que confesarle a Crepsley que la ha robado y rogarle que salve a Steve. El vampiro no deja pasar la oportunidad. Darren debe escoger entre convertirse en vampiro o dejar que su mejor amigo muera”.
Para generar a Octa digitalmente, los cineastas intentaron imaginar a qué se parecería si fuera parte de una especie real. Todd Shifflett dice: “Nos preocupamos por el color de la araña y por cómo se verían varias juntas. ¿Son insectos sociables? ¿Cómo evolucionaron y por qué tienen esas marcas? En la naturaleza, los insectos son de cierto color por una razón. Además, Octa debía tener carácter y bastante veneno para ser mortal”.
El productor Ewan Leslie se quedó asombrado por la impecable integración de los efectos digitales y reales en Octa: “No sólo consiguieron que pareciera una araña auténtica, también le confirieron personalidad. No habla, pero hay una clara relación entre ella y Crepsley, y posteriormente con Darren”.
Para simular el ataque de Octa contra Steve en el pasillo del instituto, el equipo de efectos especiales se sirvió de un haz láser. Octa salta y se mete en la camisa del chico. “Cuando está debajo de mi camisa”, explica Josh Hutcherson, “usaron una maquinita con control remoto. Tenía unos hilos que me pasaban por la espalda y las piernas; un marionetista se colocó detrás de mí y la manipulaba para que pareciera que Octa y sus múltiples patas se arrastraban sobre mi piel”.

Los miembros del Circo le han dado a Rebecca, el amor de Darren, un mote afectuoso: “La chica mono”. En algunas escenas, la actriz Jessica Carlson lleva un cinturón conectado a una cola robótica; en otras, la cola se añadió en posproducción. Por ejemplo, cuando Rebecca está atada y colgada del techo del teatro con los padres y la hermana pequeña de Darren, se le colocó una cola de papel de plata para que hubiera una sombra en la cortina. Mediante alambres que movían las cuerdas, da la impresión de que la cola desata los nudos.
Desde trepar a toda velocidad por fachadas de edificios, pasando por ser expelido de una tumba, a luchar en un teatro medio derruido, los actores debieron demostrar que estaban en plena forma. Los vampiros y vampanezes son criaturas tremendamente rápidas, luchan usando unas uñas muy afiladas y son capaces de tirar a un oponente con enorme fuerza.
Una de las escenas clave es la lucha en el cementerio entre Crepsley y Murlaugh por la posesión de Darren Shan, el “escogido”. Parte de la escena se rodó en el cementerio de Baton Rouge en plena noche, y otra, en un plató. Crepsley y Murlaugh entran en la tumba, y Darren sólo tiene una idea, salir de allí como sea. En un momento dado, cuando Crepsley salva a Darren tirándole a una altura de cinco metros, el actor fue alzado en el aire mediante un arnés que le depositó en otra zona del cementerio.
Por fin se ve el famoso movimiento “flitting” de los vampiros cuando se mueven a velocidades supersónicas. John C. Reilly dice: “Es un medio de locomoción muy rápido, propio de los vampiros. Respiran hondo, se ponen en movimiento y se vuelven borrosos. Desde la perspectiva del vampiro, el mundo parece detenerse”.
Muy al principio del rodaje, Chris Massoglia y John C. Reilly se pasaron una tarde en dos arneses para que Darren y Crepsley trepasen por la pared del hospital para llegar a la habitación de Steve.
La primera pelea entre Darren y Steve tiene lugar en el mismo teatro donde los adolescentes vieron el espectáculo del Circo de los Extraños. Los dos ex amigos se lanzan a una lucha a muerte colgados de arneses. Recordando la experiencia, Chris Massoglia dice, riendo: “Me pasé la mayoría del tiempo atado a un arnés mientras me lanzaban al aire. Básicamente, fui un instrumento. Ya se sabe, el tío al que dan palizas, tiran al aire y que se cae de edificios. Pero me lo pasé muy bien”.

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