27 de julio de 2026

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Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

Sitges 2009: crónica del sábado 10 (I)

Oda a la originalidad con Symbol
Symbol
Symbol

Tras su éxito en Montreal muchos de los seguidores de la fantasía heroica tenían muchas esperanzas puestas en Solomon Kane, de Michael J. Basset, filme basado en el personaje de Robert A. Howard. Viene a ocurrirle como a otros personajes de la literatura fantástica o el cómic, que se hacen tantos retoques del personaje original que fácilmente éste termina oculto en una creación bastante nueva. Razones comerciales obligan, y es el que Kane original, el puritano que hablaba con Dios, era un personaje bastante desagradable mientras que aquí, interpretado por James Purefoy (excelente en la serie The Philanthropist, con un poco de suerte el nuevo Harry Flashman) resulta hasta simpático. Mientras que la primera hora es prometedora (Kane va saltando de un sitio a otro encontrándose con amenazas de diferente ralea), la segunda se convierte en un título de fantasía al uso, con todos los tópicos imaginables. Una pena, por que podría haber sido el nuevo Conan el Bárbaro para una generación, pero no llega ni de lejos.

Atención, por que la película más fascinante del Festival, la más imaginativa, la más divertida, vamos, la mejor (de momento al menos con Moon y Kynodontas cogidas de la mano) es Symbol, de Hitoshi Matsumoto. Un hombre encerrado en una habitación recibe un objeto cada vez que toca una de las protuberancias fálicas que salen de las paredes. Con la correcta combinación de objetos, intentará dar con de salir de la sala, dando de si algunas de las situaciones más descacharrantes vistas en estos diez días en Sitges. Paralelamente, en un remoto pueblo mexicano, un niño está preocupado por que su padre, un luchador de lucha libre, tiene un combate por parejas en breve y el resto de niños del pueblo creen que es un perdedor. La película está dividida en dos segmentos, la educación (el hombre encerrado luchando por salir y los preparativos del combate) y la ejecución, donde el punto de giro de la historia es antológico. Quizá ella solita se ha inventado un nuevo género, la “comedia de símbolos”, y si no pues como mínimo es una obra a la cual llamarla original es quedarse corto. Inolvidable.

La horde, de Yannick Dahan y Benjamin Rocher, era uno de los títulos más esperados, en parte debido a que el terror francés en los últimos años no se ha cortado un pelo a la hora de cortar y desgarrar (desde Alta Tensión a Martyrs, pasando por Frontiéres o a L’Interieur), y en principio se podría pensar que la película iba a combinar ese modelo de entender este tipo de cine con el género de “zombie-movie”. Y es algo de eso, pero se queda un poco a medias. Es decir, como película “gore” bien, pero no es lo más fuerte que han visto en su vida (ni mucho menos), y como película de muertos que caminan, pues de nuevo, correcta, pero tampoco innovadora ni revolucionaria. Lo cual no significa que no sea un título disfrutable, que lo es, sin ningún problema, tiene un buen sentido del ritmo y de la acción, y la pueden situar fácilmente en cualquier cronología zombie moderna. Empieza siendo un drama con regusto a cine negro (un grupo de agentes de policía van en busca de la banda de criminales que mató a uno de su equipo) y gira hacia el terror cuando la “primera noche” afecte a toda la ciudad (atrapados en un edificio, el grupo de los policías y el de los delincuentes deben colaborar para salir). Efectiva, pero antes de enfrentarse a ella moderen sus expectativas.

Les he hablado en días anteriores de títulos como Accident o The Human Centipode, películas con un potencial increíble pero que no lo desarrollan bien, se quedan cortas o se pierden en vericuetos de la trama. Pues el ciclo del potencial desaprovechado continúa con Colin, de Marc Price. Durante los primeros días de una invasión zombie, el muchacho protagonista cuyo nombre da título el largo, es mordido por uno de ellos. A partir de ahí la cámara le acompañará donde quiera de vaya, siendo el primer filme que hace un seguimiento de una de estas criaturas. No es exhaustivo (por dos ocasiones el filme se detiene en sendas matanzas, una de muertos contra vivos, y viceversa) ni lineal (la historia luego se trasladará al pasado y nos hablará de cómo era la vida de Colin antes de ser mordido), ni el zombie Colin tampoco parece el más espabilado de su especie, casi parece un figurante y espera a que otros de los suyos suelten algo para comer. El hecho de que sea una película extraordinariamente barata no es excusa cuando el problema radica en el guión. De todos modos, interesante, merecería un remake con más interés.

Wasting Away, de Matthew Kohen, nos ha llegado con un poco retraso (data del 2007). Se trata de una divertida comedia zombie en la cual en un restaurante por error les llega una cisterna que contiene un líquido de residuos nucleares, la confunden los cuatro jóvenes protagonistas con material para fabricar helado y mutan en zombies. Con la particularidad de que ellos no son conscientes de su condición. Así, el punto de vista de los cuatro amigos se divide en como ven ellos la situación (como dos chicos y dos chicas normales) y como los ve el resto del mundo (como cuatro monstruos devoradores de carne). Ligera y divertida, es el clásico título que se recibe con agrado en las maratones nocturnas.

ESPECIAL SITGES 2009