
Título original: Saint Maud
Año: 2019
Compañía: Escape Plan Productions / Film4 / BFI Film Fund
Director: Rose Glass
Guión: Rose Glass
Reparto:
Morfydd Clark (Maud)
Jennifer Ehle (Amanda)
Rosie Sampson (Ester)
Lily Frazer (Carol)
Marcus Hutton (Richard)

Sinopsis:
Maud es una joven y devota enfermera, que tras un incidente decide dedicarse a los cuidados en hogar. Su nueva cliente es Amanda, una antigua estrella del ballet, que ahora se enfrenta, inválida, a sus últimos meses de vida encerrada en su casa de la costa inglesa. Allí no para de beber, fumar, invitar amigos…
La cuidadora conecta con la paciente, y le confiesa cómo sus plegarias son oídas, y Dios la guía por la vida. De hecho, Maud siente que su nueva misión es salvar el alma de Amanda del descenso a los infiernos que está realizando. Aunque puede que la propia Amanda y su entorno no vayan a facilitarle semejante tarea.

Comentario:
Decía Rose Glass que la inspiración de su debut venía del cine de los años 70. Y no tarda en demostrarlo. Desde la exquisitez en las imágenes, a la presentación de los espacios, pasando por la crudeza demoledora de la historia, muchas cosas nos transportan a otra época, y alzan a Glass como una gran promesa a la que seguir la pista.
Aunque mucho del mérito se lo debe la directora a sus dos actrices principales. Ehle es capaz de encontrar con su personaje el punto intermedio entre una personalidad arrolladora que llegó a lo más alto, y la fragilidad y el miedo de su actual estado. Aunque la que está sobresaliente es Morfydd Clark, que hace con nosotros lo que quiere con su Maud de una escena a otra. Continuamente pasamos de inquietarnos con ella a compadecernos de su situación, en una actuación que merece ser recordada.
Desde un primer momento, la película se convierte en un siniestro ejercicio de terror religioso, en el que vamos asistiendo a la espiral de locura en la que se ve inmersa Maud. Glass citaba Taxi Driver como uno de los referentes de la película, y después de verla entenderéis el motivo. Lo importante aquí no es el destino de Maud, es el viaje.
Y todo coronado con un final a la altura de lo que venimos viendo, con una imagen de las que perdura en la memoria. Y es que Glass no comete el error de muchos principantes de querer deslumbrarnos durante toda la película. En lugar de ello, comienza con las luces apagadas y las va encendiendo poco a poco hasta el destello final.

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