27 de julio de 2026

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Cine de terror, fantasía y ciencia ficción

Virginia Madsen: «Era casi como si la casa tuviera rostro, daba miedo estar en ella»

la actriz nos presenta Exorcismo en Connecticut
Virginia Madsen
Virginia Madsen

Con su belleza clásica y su potencial dramático, es una de las actrices más versátiles y únicas de Hollywood. No sólo ha recibido buenas críticas por interpretaciones como las de Entre Copas, por la que fue nominada a un Oscar y a un Globo de Oro, sino que esta actriz se ha atrevido en numerosas ocasiones con el cine de género, desde su inolvidable participación en Candyman a la más reciente El Número 23, pasando por Dune .

Pregunta: Llevaba tiempo buscando trabajar en una película de terror.
Virginia: De repente recibí este guión con una historia alucinante y un personaje femenino muy complejo, el de Sara Campbell, y me dio muchísimo miedo.

P: Y al conocer a Peter Cornwell, supo que podía confiar en él.
V: Cuando conocí a Peter nos portamos como dos niños grandes. Me gustan las películas en general pero me encantan las películas de terror, y a él también. Empecé a preguntarle sobre el corto que había rodado, así que nos llevamos muy bien desde el principio de una manera algo infantil. No obstante, Peter también tiene un lado muy centrado, tenía clarísimo el tipo de película que quería hacer.

P: Tiene un hijo adolescente, como en la película.
V: La mayoría de las películas retratan a los adolescentes como personas disfuncionales y difíciles que odian a sus padres, cuando en realidad son mucho más complejos que eso. Creo que la relación Sara-Matt es una representación muy fiel de la relación padres-adolescentes.

Exorcismo en Connecticut
Exorcismo en Connecticut

P: Quizá el personaje central de toda la película es la casa en sí misma.
V: Era casi como si la casa tuviera rostro. Daba miedo estar en ella.

P: Los cadáveres fueron creados por el artista de efectos especiales Todd Masters.
V: Los cadáveres parecía tan reales con el vello en las piernas y las uñas mordidas que me producían asco de verdad. Lo más gracioso es que eran anatómicamente perfectos. Tenían hasta pene, aunque les taparon esa zona para que fuera algo más púdico. ¡Pero eché un vistacillo, no lo voy a negar!.