
Isidro Ortiz sorprendió a muchos con Fausto 5.0 su ópera prima como director tras una larga carrera en la publicidad. Luego llegó Somne, su segundo largometraje.
Ahora estrena en España Eskalofrío, una historia de terror con la que pretende narrarnos una historia de terror de las de toda la vida, misteriosa y oscura.
Pregunta: Has escrito que Eskalofrío “es un thriller de terror donde los monstruos son héroes y donde hay que huir de la luz para refugiarse en las sombras. Un cuento al revés”. La luz y la oscuridad son elementos centrales en Eskalofrío, y también un tema recurrente en el género. ¿Cómo los has tratado en la película?
Isidro: Lo que me interesa es tener el conocimiento de todas las herramientas que conlleva la creación cinematográfica, para poder adaptarlas y que aporten algo a la historia que estoy contando. El guión es la historia, evidentemente, pero intento que la dirección artística, la iluminación, la música… que todos los elementos sean parte activa de la historia. En la película hay una lucha constante del reino de la luz contra el reino de las sombras, con el tiempo avanzando en contra del protagonista. Es una idea que se encuentra desde la cabecera. La idea principal era sobre todo coger elementos clásicos del género y ponerlos del revés: el monstruo no es el malo, sino que es más bien una víctima de la propia sociedad. Los monstruos, en realidad, tienen que ver con afecciones y con mitos, ya sea el hombre lobo o el chupacabras. Por ejemplo, a mí siempre me han fascinado las viejas películas de la Hammer, en las que el miedo del monstruo, con el que terminabas identificándote, era cuando amanecía. Cuando el vampiro terminaba en llamas. Es algo que hemos visto en cientos de películas. Nosotros empezamos la película ahí, y le vamos dando la vuelta.
P: En Eskalofrío el bosque tiene un papel relevante. Últimamente el género parece haber vuelto a este escenario, que parecía abandonado en favor de entornos urbanos. Lo hemos visto en varios títulos. ¿Cómo has enfocado este tema?
I: Me interesaba combinar un personaje muy urbano, sacarlo de su entorno, desubicarlo de repente. En las primeras versiones, esta diferencia no existía: la historia ocurría en un entorno urbano. En la versión final, Santi tiene una especie de Xanadú en Laponia, el sitio en el que cree que sería feliz, en el que no sería marginado. Nos interesaba ver cómo se desarrollaría este personaje urbano en un entorno extraño como es este pueblo cerrado. Visualmente jugamos mucho con las texturas: en la casa del pueblo abunda la madera, que contrasta con el paisaje urbano, completamente artificial, sintético. En toda la parte filmada en Barcelona no aparece ni un árbol, ni siquiera una planta. Cuando Santi va al colegio está bajo las luces de neón, y en su tiempo libre se va a jugar a una sala de videojuegos, todo luz y electricidad estática. La idea de la luz y la oscuridad, del bien y el mal, y de jugar con ese contraste, ya estaba en Fausto 5.0. La ciudad es deprimente y depresiva; el campo, con toda la exuberancia que puede tener, también tiene esa maldad soterrada, propia de la naturaleza. Quería que la naturaleza tuviera un peso importante en la historia.

P: Otro tema que también se encuentra en Eskalofrío es el conflicto entre el individuo y la comunidad, que en la película se acentúa al padecer el protagonista alergia a la luz, y en una pequeña aldea, además…
I: Es un clásico: Frankenstein perseguido por toda la población. Una de las películas que consultamos para la película fue, de hecho, Perros de Paja, de Sam Peckinpah. En el fondo Santi es un joven que quiere ser normal. Otro de nuestros referentes fue Joseph Losey, El Chico del Pelo Verde, la historia de un chico que se levanta un día con el pelo verde y que al principio le hace gracia, pero que poco a poco va viendo que aquello le hace distinguirse, ser el raro. Dramáticamente, nos interesaba encontrar ese sitio cerrado, aislado. El personaje de Junio (pero también el de Mar Sodupe) acentúa todavía más ese conflicto. En Euskadi hay un refrán que dice “pueblo pequeño, infierno grande”. Creo que lo define muy bien.
P: La factura técnica de tus películas desde Fausto 5.0 es muy cuidada, y ésta no es una excepción. En Eskalofrío has introducido una cámara digital y no pocas escenas tienen lugar en condiciones de luz muy pobres. ¿Cómo has trabajado este aspecto en la película?
I: Me interesa que mis productos tengan como una piel propia. En Fausto Producciones nos gusta trabajar artesanalmente, cuidando mucho las cosas. La parte creativa es muy importante: por ejemplo, estuvimos un año localizando por todo el norte de España. Gracias a eso conseguimos lugares verdaderamente impresionantes. Creemos en ese trabajo de elaboración artesanal para todo: para la documentación, para la fotografía, para la música, para todo el sonido… y como la luz y la oscuridad eran claves, nos planteamos cómo rodar el bosque de noche. Vimos multitud de películas. Pienso que es interesante ver cómo ante problemas similares otros directores lo han trabajado. Me resultan muy falsas todas esas películas en las que por la noche se ve más de lo que debería verse en realidad. Nunca he entendido la obsesión de algunos operadores por que se vea todo. Son como las “noches azules”, cuando un personaje se va a la cama, apaga la luz y todo se vuelve azul. Si aparece una linterna, es porque te está revelando algo que antes no ves, si no, no tiene ningún sentido. Y como queríamos mostrar la negrura del bosque, su oscuridad envolvente, había que emplear una iluminación real. De ahí también utilizar la cámara digital con visión nocturna.
P: Has trabajado con un reparto protagonista muy joven, con edades comprendidas entre los 16 y los 25 años. ¿Cómo te planteaste la dirección de actores? ¿Qué destacarías de su interpretación?
I: Intentamos rodearles de actores que tuvieran experiencia, como Francesc Orella. No hay muchos actores que tengan una capacidad real para manejarse por ellos mismos. Junio sí. Primero le buscamos a él, su personaje tenía que ser creíble para que funcionara todo lo que hay a su alrededor. Vimos prácticamente a todos los chavales que había en Barcelona y en Madrid. Junio ha trabajado desde muy pequeño: había trabajado ya con Guillermo Del Toro en El Espinazo del Diablo, y en Vida y Color era ya el protagonista. Tiene mucha seguridad, y ese instinto para saber qué es lo que se pide de él, que no es sólo saberse el texto. En el caso de Blanca Suárez, este papel fue lo primero que hizo. También ha aparecido en El Internado, pero eso fue después de la película. Jimmy Barnatán tiene ya una carrera a sus espaldas, a lo largo de la que ha cogido mucha experiencia, y le dio un valor dramático a ese personaje del colega del protagonista. La elección del casting no fue fácil, porque no hay muchos actores en esas franjas de edad. Había que escoger muy bien a los actores, para que se viera como los personajes crecen con la experiencia de lo que les ocurre en la película.
P: Para terminar, ¿qué reacciones esperas que provoque la cinta en los espectadores?
I: Bueno, llamándose la película Eskalofrío no creo que tenga mucho que decir. Cuando terminé la película estuve de vacaciones en Marrakech, en la que hay una plaza central en la que hay contadores de historias de todo tipo. A eso es a lo que, modestamente, aspiro.

En esta categoría
ChatGPT: «Un elemento clave del terror es su capacidad para explorar los miedos humanos»
Zach Cregger: «La anatomía de una broma no es muy diferente de la anatomía de un susto»
Sylvester Stallone: «La audiencia tiene que identificarse con la historia»